En Los Alerces, el concepto de hogar trasciende la idea tradicional de una residencia para adultos mayores. La propuesta se construye sobre un modelo de atención integral que pone en el centro a cada persona, sus historias, sus hábitos y sus necesidades particulares.
Con sus ocho sedes de alta categoría, su visión es ser el hogar líder en atención y calidad, destacándose por su compromiso con el bienestar, la innovación y el crecimiento continuo, para ofrecer a sus residentes un entorno cómodo, saludable y lleno de actividades.
“El objetivo es claro: que cada residente pueda vivir esta etapa con bienestar, respeto y contención”, así declararon para revista Central Cristian Mendizabal -fundador del hogar- y su equipo, con quienes hablamos en una otoñal mañana soleada en uno de los jardines de su sede de Barrio Los Troncos.

Historia de “Los Alerces” contada por Cristian Mendizabal
Los Alerces no nació como algo grande, fue una idea que se fue armando de a poco.
En esta charla, Cristian Mendizabal cuenta cómo empezó todo, cómo se fue transformando el proyecto y qué hay detrás de lo que hoy es Los Alerces: la idea de hogar, el crecimiento y la forma de encarar cada decisión.
—Cristian, vos sos un poco el director, el CEO, el que empuja el proyecto, el que se levanta temprano, el ideólogo, el impulsor.
Cristian Mendizabal: Sí, soy el CEO y uno de los socios fundadores. Y, en parte, sí: soy el que empuja el motor de la empresa. Me gusta impulsar, crecer, ir para adelante y pensar siempre en lo que viene.
—Contanos cómo nace Los Alerces.
Cristian Mendizabal: Los Alerces nace hace muchos años, una noche, en una cena familiar, mi papá me contó que tenía la idea de armar un centro de día porque él conocía bastante el funcionamiento ya que tenía cercanía con uno que trabajaba con PAMI, él siempre fue una persona muy trabajadora y siempre nos enseñó a buscar oportunidades; entonces esa idea me motivó a empezar a investigar y a desarrollar el proyecto.
Comenzamos a buscar casas, pero nos encontramos con un problema: un centro de día necesita muchos espacios comunes y prácticamente nada de dormitorios. Y, además, yo tenía una mirada muy marcada desde lo arquitectónico.
Yo soy arquitecto y para mí el espacio es fundamental, si íbamos a abrir algo en Mar del Plata, tenía que representar a la ciudad y siempre pensé en el chalet marplatense como la imagen más propia de Mar del Plata, buscamos mucho, pero la mayoría de los chalets tenían ambientes pequeños y muy compartimentados y finalmente encontramos una casa en Santiago del Estero entre Laprida y Paso, no era el típico chalet marplatense, pero tenía una sala de estar y comedor muy grande y un espacio tipo SUM que había sido el garaje para tres autos. Eso nos servía muchísimo.
Empezamos entonces con todo el proceso de habilitación. Fue largo y complejo, finalmente inauguramos en 2018 y siempre recuerdo algo muy anecdótico: mis padres fueron los modelos de los primeros folletos. Los tuvimos que “producir” un poco para las fotos, y yo hacía de familiar que los visitaba.
Desde el principio pensé en algo muy simple: qué me gustaría para mi abuela. Yo tenía una relación muy especial con ella y pensaba en las cosas que le gustaban: tejer, jugar a las cartas, compartir actividades.

Así armamos el esquema del centro de día, comenzaba alas 9 de la mañana con desayuno y después había dos horas de actividades más físicas: kinesiología, educación física, yoga o movimiento. A las 12 venía el almuerzo, en invierno empezábamos con la clásica sopa y en verano
con alguna entrada más fresca. Después del almuerzo, a las 14 o 14:30 retomábamos con actividades más cognitivas: taller literario, psicología, terapia ocupacional. A las 16:30 venía la merienda y alrededor de las 17:30 o 18 los adultos mayores regresaban a sus casas. Como idea, funcionaba muy bien.
—¿Ahí ya se llamaba Los Alerces?
Cristian Mendizabal: Sí, siempre fue Los Alerces. Es un nombre que para nosotros tiene mucho significado y que con el tiempo fue tomando todavía más sentido, el problema que empezamos a notar era otro y era que mucha gente consultaba, la ubicación era muy buena, había movimiento constante en la calle, y todos nos preguntaban lo mismo: “¿Y no se pueden quedar a dormir?”.
Y la respuesta era no.
Pero la pregunta se repetía una y otra vez. Ahí entendimos algo muy importante: muchas familias buscaban un lugar donde sus seres queridos pudieran vivir, no solamente pasar el día, eso empezó a generar un problema económico, porque algunos residentes del centro de día terminaban institucionalizándose en otros lugares que sí ofrecían alojamiento permanente y en ese momento recuerdo que estaba en la playa hablando con amigos y les decía: “Me estoy fundiendo, no sé qué más hacer”.
Entonces miré la casa y pensé: arriba había muchos dormitorios.
Empecé a pensar en alquilarlos como consultorios, de psicología o rehabilitación y estaba buscando cualquier alternativa para sostener el proyecto, pero al mismo tiempo entendí algo clave: si todos querían quedarse a dormir, no podíamos ir contra la corriente.
—Interpretar lo que estaba pasando.
Cristian Mendizabal: Exacto, entonces empezamos a investigar qué implicaba realmente una residencia porque no era simplemente agregar camas: era una responsabilidad mucho mayor ya que en el centro de día, si alguien estaba enfermo, no venía pero en una residencia, el adulto mayor vive ahí y hay que acompañarlo en todo: medicación, salud, cuidados.
Con Mary, que fue mi mano derecha durante muchos años, empezamos a recorrer residencias y una vez le dije algo que siempre recuerdo: no vamos a hacer una lista de cosas para copiar; vamos a hacer una lista de cosas para hacer distinto. Ya teníamos algo que nos diferenciaba: el concepto de hogar. Era una casa real, con olor a comida casera, a torta recién hecha, a desayuno y no ese ambiente clínico típico de instituciones con eso a partir de ahí empezamos a construir nuestra identidad.
Pero ahí surgió otro problema: La casa que habíamos alquilado era ideal para un centro de día porque tenía espacios gigantes, de dormitorios en planta alta y el problema era eso que la casa no tenía dormitorios en planta baja y la mayoría de los residentes no podía subir escaleras, entonces pedí permiso al propietario y empezamos a modificar la casa. Como arquitecto disfruto mucho de transformar espacios. Rompimos paredes, construimos dormitorios en planta baja y dos baños. Eso fue en febrero de 2019. En marzo llegó nuestra primera residente: Elena. Venía desde antes al centro de día y al día siguiente llegó Tere. Ellas marcaron el comienzo de la residencia, fue un camino muy difícil, pero también muy emocionante, todo lo hicimos prácticamente a pulmón, pintábamos, armábamos muebles, limpiábamos.

Muchos amigos y trabajadores de obras me ayudaron. Pero el proyecto empezó a funcionar.
—Y empezó a tener respuesta.
Cristian Mendizabal: Muchísima, en pocos meses teníamos gran parte de la casa ocupada. Eso nos impulsó a buscar una segunda sede. Encontramos una casa ideal, pero el día de la firma del contrato surgió un conflicto familiar entre los propietarios y no se pudo alquilar. Yo ya había contratado personal y teníamos lista de espera. Fue un golpe fuerte. Entonces seguí buscando y apareció la casa de Güemes y Saavedra y la adaptamos completamente y abrimos la segunda sede y en pocos meses también se completó.
—Y ahí llegó marzo de 2020.
Cristian Mendizabal: Sí, y ahí arranca otro camino. Nosotros veníamos muy bien hasta ese momento, ya teníamos bastante claro cuál era nuestra diferencia y el camino que queríamos seguir porque la sede de Güemes marcaba mucho lo que era Los Alerces: un chalet marplatense, en una calle importante, con identidad de hogar y estábamos encaminados, pero no nos imaginábamos nunca que en marzo iba a arrancar una pandemia que nos iba a cambiar completamente.
Nos agarró con dos sedes funcionando, prácticamente completas. Santiago del Estero no tanto en la planta alta, pero sí en la planta baja y Güemes también estaba completa.
Había una leve baja por la estacionalidad del verano, porque las familias tienen más tiempo, los días son más largos y los problemas que suelen aparecer de noche se
reducen, pero era algo mínimo, estábamos bien y de repente, incertidumbre total, no sabíamos qué hacer ni cómo prepararnos, nadie sabía, ni nosotros, ni el sistema en general, ni siquiera había protocolos claros y desde el lado de la salud teníamos apoyo como el director médico, las enfermeras, los profesionales, pero igual era una situación completamente nueva.
Empezamos todo el proceso de la pandemia con muchísimo miedo y tomando todos los recaudos posibles. Compramos equipamiento, empezamos a usar uniformes especiales y, arriba de eso, ropa impermeable, máscaras y barbijos y llegó un punto en el que parecíamos robots. Era muy fuerte y, al mismo tiempo, muy desgastante, de hecho, hoy lo seguimos recordando como una etapa muy dura y el riesgo era altísimo, porque estábamos trabajando con una población muy vulnerable. Fue una experiencia muy dura y en ese contexto, tuvimos que tomar una decisión muy difícil: cerrar la sede de Santiago del Estero y concentrar todo en Güemes, no fue una decisión fácil, pero era lo que había que hacer en ese momento.
Dentro de todo ese contexto tan complicado también pasaron cosas que nos marcaron desde otro lugar: El equipo se unió muchísimo ya que estábamos todo el día juntos, resolviendo y acompañándonos, yo, por ejemplo, no veía a mi familia y hablaba con mi mamá por videollamada, mientras que al mismo tiempo compartía todos los días con el equipo, tomábamos mate, almorzábamos juntos, pasábamos todo el día ahí. Era agotador, pero también muy fuerte en lo humano y se generó un vínculo muy grande. Para mí, eso terminó de consolidar algo que hoy digo siempre: Los Alerces no es solo una empresa, es una familia.

Cerrar Santiago del Estero terminó siendo una decisión importante porque pudimos concentrar toda la energía en una sola sede, reorganizarnos y fortalecernos. Trajimos a todo el personal a Güemes, ampliamos la sede, hicimos ajustes y nos volvimos a armar. Y pasó algo interesante: volvimos a llenar el lugar, y eso nos dio aire para seguir. Después incluso ampliamos Güemes y empezamos a proyectar nuevamente.
Con el tiempo, cuando todo empezó a aflojar, retomamos el crecimiento y aparecieron nuevas oportunidades, nuevas casas, nuevas sedes, y volvimos a expandirnos. Hoy estamos con más de 115 residentes y una capacidad aproximada para 160. Pero todo ese proceso, lo que fue la pandemia, nos marcó muchísimo, nos obligó a aprender, a adaptarnos y también a fortalecernos como equipo.
La Filosofía del Hogar
Un modelo de cuidado basado en la cercanía
En Los Alerces, el concepto de hogar trasciende la idea tradicional de una residencia para adultos mayores. La propuesta se construye sobre un modelo de atención integral que pone en el centro a cada persona, sus historias, sus hábitos y sus necesidades particulares. El objetivo es claro: que cada residente pueda vivir esta etapa con bienestar, respeto y contención.
El equipo trabaja desde una mirada que combina profesionalismo y cercanía humana. El equipo médico, enfermeras y profesionales de distintas disciplinas acompañan el día a día de los residentes con un enfoque integral, orientado a cuidar su salud física, emocional y social. La atención personalizada permite abordar la historia, los hábitos y las necesidades de cada persona, generando un entorno donde el cuidado se construye a partir de la confianza, el respeto y la calidez en cada detalle de la vida cotidiana.
Conociendo a nuestro equipo

Marilena Mendizabal
—Vamos a empezar con Marilena Mendizabal. Contanos cuál es tu función dentro de los Alerces. ¿Qué es lo que vos hacés?
Marilena Mendizabal: Buenas tardes, mi nombre es Marilena y yo soy la responsable de administración. Soy quien ofrece el hogar. Cuando alguien se comunica o viene a conocer el hogar yo soy quien le muestra la residencia y es el primer contacto que tiene la familia cuando está en esta búsqueda, trato siempre de ofrecer lo mejor.
—Creo que, por sospecha, por una cuestión de apellido y vinculación estas desde el principio de los Alerces. Desde el minuto uno.
Marilena Mendizabal: Estoy desde el minuto uno, pero no en el rol en el que estoy ahora. En ventas estoy hace un par de años.
—Bien, y ¿Cómo manejas la responsabilidad de tener que llevar adelante una empresa con la marca como es Los Alerces, que está en desarrollo y en plena expansión? Con tantas sedes, con tantas casas.
Marilena Mendizabal: La realidad es que es una responsabilidad muy grande. Es un trabajo muy lindo el que hacemos, pero requiere de responsabilidad, compromiso y de estar siempre pendiente de que el cliente que viene consiga lo que quiere, pudiéndole brindar todas las necesidades que tiene al momento de elegir un lugar para su familiar.
—Sos la primera persona que los recibe y el primer encuentro con el familiar y con el propio interesado, ¿Cómo los recibís y cuál es la primera sensación que tienen? ¿Con qué dudas llegan y cómo se van? ¿Cuál es tu evaluación?
Marilena Mendizabal: En realidad, cuando ellos consultan, primero se hace una entrevista telefónica. Cuando alguien averigua, primero les informo todos los servicios y les pido que me cuenten un poquito qué es lo que buscan. Después concretamos una visita para que conozcan algunas de las sedes y también me cuentan un poco sobre la patología y por qué llegaron a nosotros.
Muchas veces ellos creen que no tienen otra cosa que hacer, que no tenían otra opción que venir a un lugar así. Pero lo que les contamos es que somos una buena opción, que estamos para brindar calidad de vida y para que su familiar viva mejor de lo que está viviendo hoy por hoy.
La idea es que se vayan contentos. Cuando finalmente deciden el lugar, agradecen mucho la contención: que uno los escuche, que trate de orientarlos sobre qué pueden hacer o brindarles información para que hagan alguna consulta médica según la patología que tenga su familiar.
—Marilena, vos que gestionás la cuestión comercial de ocho sucursales —o mejor dicho, ocho casas, ocho sedes que son hogares—, ¿cómo administrás eso?
Marilena Mendizabal: Primero, en la entrevista telefónica que hago, trato de recabar la mayor información posible de la persona: qué patología tiene, si puede caminar o no, si puede subir escaleras. Después les brindo opciones en base a lo que tengo disponible.
También me fijo, por ejemplo, si es un hombre y cuántos hombres hay en esa sede.
Trato de brindarles la mejor información posible para que puedan elegir. En realidad, no van a conocer todas las sedes, sino la que tiene disponibilidad y la que más les gustó según los videos que yo les mandé.
—¿En base a lo que les aconsejás según sus patologías?
Marilena Mendizabal: Sí, claro.
—Los Alerces posee distintos tipos de sedes. Si bien todas tienen una característica en común, cuando uno las recorre siente que son hogares, casas de familia, cada sede tiene algo particular.
Marilena Mendizabal: Sí. Lo que siempre explico es que muchas personas creen que cada sede es para una patología específica, y no es así. Las sedes se fueron abriendo en distintos momentos, no por tipo de patología. Lo que sí tratamos es que los residentes que conviven tengan patologías similares, por ejemplo, quienes comparten habitación, para que puedan interactuar y haya una buena convivencia.
—Marilena, te escuchaba decir que cuando hacen la admisión preguntan qué patología tiene la persona. ¿Es un requisito tener alguna patología para venir?
Marilena Mendizabal: No es necesario que tengan una patología, tenemos muchos casos distintos. Hay personas que están bien y deciden venir por seguridad o porque no quieren vivir solas. También hay quienes llegan porque su familia se fue a vivir al exterior y ellos prefieren quedarse acá.
Después, por supuesto, hay personas que sí tienen alguna patología, pero también hay muchas que vienen simplemente porque buscan compañía, actividades o un entorno donde puedan compartir con otros. A veces ven en redes las actividades que hacemos, cómo interactúan los residentes y se interesan por conocer el lugar.
Muchos primero vienen a pasar el día, para probar cómo es la experiencia, y después deciden si quieren quedarse. Y también hay muchas personas mayores que consultan por iniciativa propia.
Sí, muchas veces nos llaman ellos mismos por teléfono. O llegan porque tienen algún amigo que ya está viviendo en una de las residencias. Así que sí, hay muchas personas que consultan directamente para ellas mismas.
—¿Qué sentís vos internamente de trabajar en Los Alerces? Más allá de la empresa, ¿qué te genera trabajar con adultos mayores?
Marilena Mendizabal: Para mí es un trabajo que me da mucha satisfacción. Me encanta lo que hago. No tengo horarios rígidos: si tengo que trabajar un 1° de enero, lo hago con gusto. Me gusta cuidar a las personas y que puedan tener una buena calidad de vida.
También es una gran responsabilidad, porque las familias nos confían lo más importante que tienen. Por eso requiere compromiso y mucho profesionalismo. Pero para mí no es una carga: es parte de mi día a día, de mi vida. A veces ni siquiera lo siento como un trabajo.
—¿Cómo es trabajar en familia?
Marilena Mendizabal: Creo que tiene sus desafíos, pero también cosas muy positivas.
Cuando discutimos temas laborales es porque todos buscamos lo mismo, desde diferentes áreas: que las residencias funcionen bien, que las personas que viven con nosotros tengan calidad de vida y que sus familias estén tranquilas.
En definitiva, todos apuntamos al mismo objetivo: que el trabajo salga bien y que el bienestar de los residentes sea lo principal.
—¿Y cómo gestionan las diferencias? Porque cuando es trabajo uno se va a su casa y puede tomar distancia, pero cuando se trata de familia es distinto.
Marilena Mendizabal: Nos pasó muchas veces que en reuniones familiares terminábamos hablando de trabajo. Entonces decidimos poner un límite: cuando hay algo que resolver, hacemos una reunión de trabajo.
Todos tenemos carácter, pero las diferencias siempre tienen que ver con querer mejorar las cosas. No se trata de que alguien haga mal su trabajo, sino de encontrar la mejor manera de hacer las cosas. Como en cualquier equipo, puede haber momentos de tensión, pero siempre se resuelven.

Conociendo a…
Cristina Cortéz
—Contanos cuál es tu rol dentro de Los Alerces.
Cristina Cortéz: Yo hace muchos años que trabajo en lo que hoy es la empresa. Empezó como un pequeño emprendimiento familiar y fui creciendo junto con el proyecto. Actualmente estoy a cargo del área de comunicación y de fidelización del servicio.
—La comunicación se entiende, pero contanos qué significa fidelización del servicio.
Cristina Cortéz: Básicamente implica mantener un contacto cercano con cada familia. A veces lo hacemos de manera presencial y otras por teléfono, dependiendo de la distancia. La idea es escuchar cómo se sienten con el servicio, responder dudas y mantenerlos informados sobre cómo evoluciona su familiar dentro de la residencia. Cuando trabajás con adultos mayores, cada proceso es distinto. Una persona puede ingresar de determinada manera y, con el tiempo, ir necesitando más acompañamiento. Nuestra tarea es estar presentes, escuchar a las familias y acompañarlas en cada etapa.
—Vos hablás mucho de las familias, pero también están los residentes.
Cristina Cortéz: Sí, claro. Yo interactúo tanto con las familias como con los residentes. Después de la etapa de admisión con Marilena, muchas veces soy yo quien los recibe y comenzamos a acompañarlos durante toda su estadía.
A veces uno escucha que hay personas que llegan apagadas y que dentro del hogar cambian para mejor.
Cristina Cortéz: Sí, eso pasa mucho. Hay personas que llegan con poca interacción y, al sentirse acompañadas y rodeadas de gente de su misma edad, empiezan a abrirse. Muchos se encuentran con personas que vivieron épocas similares, comparten recuerdos, música o historias. Incluso ha pasado que residentes se reencontraron acá con antiguos compañeros de trabajo o de la adolescencia. Es muy emocionante ver esos reencuentros después de tantos años. También hay personas que vienen por un tiempo, por ejemplo, para recuperarse de una cirugía o de un accidente, y se quedan hasta completar su rehabilitación.
—Cristina, desde tu lugar y con la responsabilidad de trabajar con adultos mayores, ¿qué sentís personalmente?
Cristina Cortéz: A mí me encanta. Trabajo con adultos mayores desde hace muchos años y siempre siento que tienen mucho para enseñarnos. Cada persona tiene una historia de vida impresionante: gente que viajó por el mundo, que atravesó momentos históricos muy fuertes o que llegó al país en la época de la inmigración y empezó desde cero.
Escucharlos es muy enriquecedor. A ellos también les gusta sentirse escuchados y valorados. Acá encuentran ese espacio. Además tratamos de que puedan mantener sus costumbres: quien quiere tomar mate lo hace, quien quiere leer el diario lo tiene todos los días. Hay personas muy lectoras que trajeron su propia biblioteca y la comparten con los demás.
Conociendo a…
Carolina López
—Contanos cuál es tu función dentro de Los Alerces.
Carolina López: Me sumé a Los Alerces hace aproximadamente un año y medio. Es un proyecto que siempre me interesó por el enfoque de respeto, cuidado y acompañamiento con el que se trabaja. Cristina es mi mamá, así que ya conocía la empresa. Cuando surgió la oportunidad de sumarme, me motivó especialmente trabajar para cambiar el prejuicio que muchas veces existe sobre los hogares para adultos mayores. Hoy soy la directora operativa de todas las sedes de Los Alerces.
—¿De todas las sedes?
Carolina López: Sí, hoy son ocho. Y remarco el “hoy” En el día a día trabajo con las encargadas de cada sede, que organizan el funcionamiento de cada hogar. Tenemos lineamientos y protocolos comunes para garantizar que el servicio sea el mismo en todas las residencias. Cada hogar tiene su estilo, pero siempre buscamos adaptarnos a la rutina y a las preferencias de cada residente.
—Todas tienen espacios verdes, ¿no?
Carolina López: Sí, somos muy del verde. Todas tienen jardín o patio. También ponemos mucho énfasis en la capacitación del equipo, porque cuidar a una persona implica atender tanto su salud física como su bienestar emocional. Por eso contamos con enfermeras, profesionales de la salud y un equipo que se capacita constantemente. Nuestro objetivo es ofrecer calidad de vida.
—También mencionabas el trabajo para cambiar el prejuicio sobre lo que significa un geriátrico.
Carolina López: Exacto. Nosotros no hablamos de asilo ni de geriátrico. Somos una residencia para adultos mayores. Hacemos mucho hincapié en la idea de hogar. Queremos que quienes viven acá sientan que este es su lugar, su espacio.
Marilena Mendizabal: Incluso desde lo estético buscamos eso: que sea una casa. La decoración, el mobiliario, los espacios… todo apunta a que se sientan en un hogar.
Carolina López: Exactamente. La idea es que puedan disfrutar esta etapa de su vida, acompañados, con actividades y con el cuidado de todo el equipo.
Celebramos cumpleaños, Navidad, Pascuas, y acompañamos también cuando hay situaciones de salud. La vida continúa dentro de la residencia.
—¿Y las visitas de la familia?
Carolina López: Las familias forman parte del día a día. Tenemos reglas de convivencia para que todos puedan compartir el espacio con respeto, pero fomentamos mucho las visitas. Hay familias que vienen con tortas de cumpleaños, que comparten la merienda o pasan la tarde con sus seres queridos. Nos encanta que eso suceda.
—Y también existe la opción del centro de día, ¿no?
Carolina López: Sí. Hay personas que vienen solo durante el día para participar de las actividades y luego regresan a sus casas. Durante la jornada hay muchas propuestas: kinesiología, yoga adaptada, talleres de arte, estimulación cognitiva, huerta en verano. La idea es que siempre haya algo para compartir.
—Para cerrar, ¿Alguna reflexión final?
Marilena Mendizabal: Nuestro objetivo es que cada familia sienta que tomó la decisión correcta al elegirnos.
Cristina Cortéz: Siempre estamos dispuestos a acompañar y generar el vínculo que cada familia necesita.
Carolina López: Lo que más nos importa es el compromiso con el cuidado, la calidad de vida, la calidez humana y el respeto.
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Un día en Los Alerces
La mañana comienza temprano en Los Alerces. Con la luz del día, el hogar se llena de movimiento: algunos residentes se preparan para el desayuno mientras otros disfrutan de los primeros momentos tranquilos del día en los espacios comunes.
Después del desayuno empiezan las actividades. Puede ser un momento de gimnasia suave para activar el cuerpo, un taller de estimulación cognitiva o alguna actividad recreativa que invite a compartir y conversar. Cada propuesta está pensada para estimular tanto el bienestar físico como el emocional.
El almuerzo es otro momento importante del día. Más que una comida, se convierte en un espacio de encuentro donde se comparten historias, recuerdos y anécdotas. Las conversaciones se mezclan con las risas y el ambiente cotidiano del hogar.
Por la tarde llegan nuevos momentos de actividad: talleres creativos, música, juegos o simplemente una charla entre residentes. También es el horario en que muchas familias visitan el hogar, generando encuentros que llenan de vida los espacios.
La jornada se cierra con la tranquilidad de la noche, cuando el hogar vuelve a un ritmo más pausado. Así, día a día, la rutina de Los Alerces combina cuidado profesional, actividad y compañía, creando un equilibrio que favorece la calidad de vida de cada residente.
Actividades que mejoran la calidad de vida

Moverse, Crear y Compartir
Las actividades forman parte central de la propuesta de todas las sedes porque estimulan la autonomía, fortalecen el vínculo social y contribuyen al bienestar emocional.
En el calendario se encuentran talleres creativos donde los residentes pueden explorar distintas formas de expresión artística. Pintura, manualidades y clases de arte permiten desarrollar la imaginación y compartir momentos de creatividad.
La actividad física también ocupa un lugar importante. Las clases de gimnasia adaptada, yoga y kinesiología ayudan a mantener la movilidad, mejorar el equilibrio y fortalecer el cuerpo, siempre bajo la supervisión de profesionales que acompañan cada ejercicio de acuerdo con las necesidades de cada residente.
La música se convierte en otro espacio de encuentro. Escuchar canciones, cantar, bailar o compartir recuerdos asociados a la música genera momentos de alegría y conexión emocional.
También hay espacios dedicados a la lectura, donde las conversaciones sobre libros o textos despiertan recuerdos, estimulan la imaginación y generan instancias de intercambio entre los residentes.
Por su parte, las actividades de estimulación cognitiva buscan mantener activa la memoria, la atención y otras funciones mentales. A través de juegos, ejercicios y dinámicas grupales se trabaja de forma lúdica y estimulante.
Durante el verano, se suma el taller de huerta, una actividad que conecta con la naturaleza y promueve el cuidado de las plantas.
Todas estas propuestas forman parte de un programa de actividades diseñado para promover una vida activa, participativa y llena de pequeños momentos compartidos.
Salud y bienestar
Cuidado profesional y humano
El cuidado de la salud es uno de los pilares fundamentales del trabajo. Para ello, el hogar cuenta con un equipo interdisciplinario de profesionales que acompañan a los residentes de manera permanente.
El equipo médico supervisa el estado de salud de cada residente y realiza controles periódicos que permiten un seguimiento personalizado. Junto a ellos trabajan enfermeras y profesionales especializados que garantizan atención y asistencia durante todo el día.
La alimentación también ocupa un lugar central en el bienestar de los residentes. Cada mes se realiza una planificación sana de los menúes.
Además, se realizan controles de salud y seguimiento de tratamientos, siempre con una mirada integral. El objetivo es ofrecer un cuidado completo, donde la profesionalidad se combine con la calidez humana.
Historias
“Coco”, un residente más
En una de las sedes de Los Alerces, hay un residente que transforma la rutina cotidiana en algo especial: Coco, un perrito que vive allí desde hace más de dos años con su dueño Juan Carlos.
Su intuición y cercanía genera una conexión inmediata con cada persona que forma parte. Su presencia anticipa encuentros, despierta sonrisas y aporta una energía distinta a cada momento del día.
“Coco es compañía, diversión, es estímulo”, destaca Juan Carlos. Y en esa definición simple se revela algo más profundo: una manera de entender el bienestar donde lo emocional ocupa un lugar central. En Los Alerces, historias como esta reflejan algo esencial: cada residente no solo es cuidado, sino que habita un espacio propio, cercano y cotidiano, donde la vida transcurre con la calidez y la identidad de un verdadero hogar.
Estadías Temporales
Los Alerces también ofrece la posibilidad de realizar estadías temporales, una alternativa pensada para acompañar distintas situaciones familiares o de salud.
Este servicio es especialmente valorado en casos de recuperación postoperatoria o rehabilitación, cuando una persona necesita cuidados profesionales y acompañamiento durante un período determinado.
También es una opción para aquellas familias que deben ausentarse por viajes o situaciones particulares y buscan un lugar seguro y confiable donde su familiar pueda permanecer cuidado, contenido y acompañado.
Durante estas estadías, los residentes acceden a los mismos servicios, actividades y atención profesional que quienes viven de manera permanente en el hogar, integrándose plenamente a la vida cotidiana de Los Alerces.
Mirando al futuro
Por Cristian Mendizabal
“El futuro de Los Alerces, en realidad, ya empezó hace un tiempo, con un cambio bastante grande desde lo conceptual. Hubo un momento en el que tomé dimensión de lo que éramos. No en sentido figurado, sino real: un día me puse a contar cuántos éramos y dije “somos un montón”. Hoy somos más de 90 personas trabajando y eso para mí marcó un antes y un después porque ahí entendí que Los Alerces ya no era solo un proyecto, ni siquiera solo una empresa familiar, entonces, empezamos a hablar de Familia Alerces y más allá del nombre formal o societario, tiene que ver con lo que realmente pasa adentro. No porque sea una empresa familiar, sino porque hay un equipo que todos los días sostiene esto, los chicos, sobre todo las chicas, se desviven por el trabajo, viven para esto, y lo hacen con amor y con orgullo. Y eso, a mí, me genera una satisfacción enorme.
Yo siempre digo lo mismo: hoy tengo una segunda familia. Comparto un montón de cosas con ellos. Están en momentos importantes de mi vida, como cumpleaños, eventos, incluso mi casamiento. Salimos a cenar, festejamos juntos. Hay un vínculo que va más allá del trabajo.
Por eso, cuando hablo de Los Alerces hoy, hablo realmente de una familia. Y también de agradecimiento porque si bien yo empujé mucho, nada de esto hubiera sido posible sin el equipo que hay atrás, pero al mismo tiempo, siento que eso es solo una parte porque ese cambio que empezó, para mí va un paso más allá. Me gusta pensar a Los
Alerces como una familia de proyectos.
Yo tengo una forma de ser muy inquieta. Me gusta crear, proyectar, crecer. No siento que haya un techo y lo digo siempre: esto que hicimos hasta ahora, para mí, es un montón y al mismo tiempo siento que es apenas el comienzo y quiero seguir creciendo, seguir desarrollando ideas, seguir generando cosas nuevas desde mi lado profesional, desde lo que me gusta hacer, que es proyectar y construir.”
“El futuro de Los Alerces, para mí, va por ahí: seguir creciendo como equipo, como familia, pero también como proyecto. Porque todo lo que se viene, en realidad, recién está empezando.”