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Con una trayectoria que se extiende a lo largo de más de cuatro décadas, Marcelo Pasetti ha sido y es una pieza fundamental del periodismo marplatense. Su ingreso a La Capital en 1983 marcó el inicio de un camino que lo llevó a ejercer como subdirector del diario y, en la actualidad, a continuar su labor informativa a través del streaming con el programa Agenda Real, una producción conjunta entre Canal 8 y el matutino. En reconocimiento a este compromiso ininterrumpido con la comunicación y la comunidad, Pasetti fue galardonado recientemente con el XXI Premio Don Manuel Álvarez Argüelles a la Trayectoria Periodística. La distinción no solo celebra su vasta carrera, sino que se materializa en una pieza artesanal única: una pluma forjada y cincelada a mano por el prestigioso orfebre Adrián Pallarols. En diálogo con Revista Central, Marcelo reflexiona sobre este hito, su adaptación constante ante la vertiginosa evolución tecnológica y su mirada crítica y apasionada sobre el presente de la ciudad.

-¿Marcelo, cómo te impactó el premio, qué sentiste?

Marcelo Pasetti: La verdad que fue muy fuerte, no lo esperaba. Además, cuando vi a todos los que lo habían recibido antes, confieso me temblaron las piernas. Ver en esa lista a Jorge Lanata, Mariano Grondona, Carlos Pagni, Magdalena Ruiz Guiñazú, Fernando Bravo y a los “próceres” locales como Mario Trucco, Juan Carlos Moraleso “Cholo” Ciano, tantos monstruos del periodismo que uno admiró toda la vida, me conmovió muchísimo. Y más aún cuando proyectaron un video de tres minutos y medio con los 43 años de mi carrera. Ahí aparecían las mejores entrevistas, pero también mis hijos (María Pía, Nicolás y Agustín) y mis nietos (Simón, Lola y Margarita), así que todo fue muy emotivo, muy lindo. Creo que, además, el hecho de estar con tantos colegas de Mar del

Plata le da otro valor. El premio yo lo tomo también como una distinción para el periodismo local. En la ciudad se hace un periodismo muy bueno y es positivo que este reconocimiento haya quedado acá para compartirlo con todos, porque tenemos un periodismo muy sui géneris en nuestra comunidad.

-¿A qué te referís con “sui géneris”?

Marcelo Pasetti: Un periodista de Mar del Plata, de cualquier medio, un día tiene que entrevistar a un jugador de fútbol, al escritor más importante que viene a dar una charla o a un político que presenta su candidatura, y al día siguiente ir a cubrir un choque en la esquina o una conferencia de prensa en la Municipalidad. Tiene que estar preparado para todo, y eso genera una gimnasia increíble. Por eso ves a esos tipos todo terreno que salen de Mar del Plata —que hay un montón— triunfando hoy en Buenos Aires. Nicolás Gallardo, como le digo yo, “la pesadilla de Adorni”  es el último marplatense de esa camada.

Carlos Pagni es el analista político número uno, o está entre los tres primeros del país, y es marplatense. Lo mismo que Santiago Fioriti que es un monstruo y se ha convertido en un tipo que genera mucha influencia en la política; lo que él dice repercute en todos lados y su columna es muy fuerte. Son tipos que salieron de acá. Además, algo que resalto y que veo ahora —y que lo hemos hablado tantas veces— es que hay otra unidad en el periodismo de Mar del Plata. Ya no veo esa confrontación tan fuerte que existía hace algunos años, en parte porque hoy la información se democratizó. Con este telefonito maldito, que tanto daño nos hace pero que también nos acerca, hay formas de recibir la información que nunca nos hubiéramos imaginado. Cuando yo empecé había dos diarios, La Capital y El Atlántico; dos radios, LU6 y LU9; y dos canales, el 8

y el 10. Los diarios de Buenos Aires llegaban al mediodía y lo que decía cualquiera de estos medios era palabra santa, no había otra posibilidad. Hoy te das cuenta de que la historia cambió. Que todo es absolutamente distinto. La información llega por tantas vías que se termina democratizando. En definitiva, hoy nadie es el dueño de la información en Mar del Plata.

Los tiempos del télex y las postales de Maradona

-Una de las referencias que hiciste en la ceremonia fue cómo nos había atravesado la tecnología. ¿Cómo vivís eso?

Marcelo Pasetti: Cuando entré en el diario, al año y medio me mandaron a cubrir la gira presidencial de Raúl Alfonsín y se transmitía por télex. Había que perforar la cinta; era un rollo que iba pasando —en algún lado tengo alguno—. Se ponía una punta y alguien escribía lo que vos redactabas. Le dabas la nota al operador del télex, que la tipeaba, y la misma cinta salía perforada por el otro lado. Esa cinta, que por ahí medía diez metros, la volvías a pasar. Pedías la línea, que podía tardar dos o tres horas, y te comunicabas de télex a télex, del de la India al que había en la oficina de La Capital. Esa llamada podía tardar 3 horas. Acá recibías ese material y después había que volver a tipearlo.

En la India era estar horas para tipear cada nota y tener suerte de conseguir línea para transmitirla. Me acuerdo que tenía cierta preferencia porque había conocido a Guillermo Blanco en una oportunidad, que era el jefe de prensa de Diego Maradona en Barcelona. Había estado en Mar del Plata y nos regaló como 30 postales de Diego autografiadas. Yo tenía como 10. Cuando les di de regalo a los cuatro operadores esas fotos firmadas no podían creerlo. ¡Al final me venían a golpear la puerta de la habitación para que les diera las notas a tipear!. Y todo gracias a Maradona.

La revolución del fax y las primeras computadoras

Después fue el fax; la llegada del fax fue tremenda, como llegar a la Luna, no entendías cómo funcionaba. Y lo que contaba de la computadora: cuando las incorporaron en la redacción las pusieron al lado de las Olivetti para convivir. ¡No queríamos agarrarla, y los viejos menos!. Preferíamos rebobinar el carretele con el dedo… Fue toda una revolución.

“Cuando traen la computadora al diario, la ponen al lado de las Olivetti para convivir. No queríamos agarrar ninguno; fue toda una revolución”

Correr contra el cierre: fotos en avión y revelado lento

Cuando llega la foto color también fue una revolución. Nosotros cubríamos algunos partidos de fútbol en Buenos Aires. Iba el fotógrafo, el chofer y el periodista. Yo fui a Viedma cuando Alfonsín anunció el traslado de la capital. A Buenos Aires se iba los domingos a ver un partido y claro, no llegaban con el auto para el cierre del diario. Entonces iban al Aeroparque, se los daban a alguien y se llamaba acá: “che, va Martín Sala, un flaco con campera negra y él es que tiene los rollo”. Lo estabas esperando en Camet y de ahí volabas a un laboratorio, el único que había, que revelaba la foto color y las copiaba.

Acordate lo que fue Cuore con la nevada, que había colas para entregar los rollos y varios días después te daban la foto. Imagínate una nevada con redes sociales y con este telefonito que tenemos todos. ¡Los testimonios que tendríamos!

-Ese periodismo de hace 35 o 40 años, no tan inmediato, un periodismo donde la inmediatez tenía otro alcance… ¿era mejor, más sofisticado, más evolucionado?

Marcelo Pasetti: Era mucho más profundo porque no había tanto apuro; la nota la podías laburar, analizar, corregir, contextualizar e ir al archivo. Nosotros éramos pendejos y nos íbamos a las 12 de la noche, nadie se iba sin el diario bajo el brazo. Cuando arrancaba la rotativa, recién ahí nos íbamos. Te agarraban los viejos y te decían: “vení que vamos a tomar un vino” o a cenar en algún bolichón y ahí aprendías. “Lo que escribiste hoy estaba para el orto. Si queres ser periodista ponele más garra nene”, escuché más de una vez. Te corregían: “la próxima vez, pibe, hacé tal cosa”. Era una escuela que se iba armando ahí; veías a esos próceres de la redacción entre el humo, porque se fumaba, y nadie te corría. Hoy, a las 9 de la noche, nos queremos ir todos a ver Netflix; a ver quién raja primero de la redacción porque después de las 10, salvo el fútbol, no pasa nada. Hay diarios de Brasil, Estados Unidos o Italia que ya no esperan el resultado del fútbol a la noche; sale en la web y te enterás por ahí, pero en el papel no está. Si el partido es tarde, no sale. Fijate cualquier partido de Copa Libertadores ahora y mirá al otro día la tapa de los diarios de Brasil: ninguno incluye el resultado, salvo que sea la final del mundial. Algo nocturno no te lo espera más nadie. Es todo tan inmediato, tan rápido… Es lo que decíamos: hoy hacés un programa de streaming, metés entrevistas de 35 minutos y se terminan seleccionando tres recortes de 20 segundos cada uno para viralizar.

La carrera contra el algoritmo y las redes

-¿Qué hacemos con esa cosa instantánea?

Marcelo Pasetti: Hay mucha gente que va a ver el video de YouTube de la entrevista que le hicimos a Carlos Pagni o a Arturo Pérez Reverte. Los 40 minutos. Pero hay muchos más que se quedaron con el recorte, y ya está. Esos tres recortes que metimos con una frase saliente y se terminó.

Esto de “noticia en desarrollo” que ahora usamos, ese “breaking news” de los noticieros… son tres minutos, un minuto, o cinco líneas: “el vocero presidencial anunció tal cosa”. Metiste tres líneas porque el otro lo está haciendo también; y después amplias. Esto es una carrera  con el algoritmo, con las redes, con los posicionamientos en Google. En definitiva, es una forma alocada la que estamos viviendo. Un delirio que nadie sabe dónde termina, y lo que viene con la inteligencia artificial será más estresante aún.

El desafío de la inteligencia artificial y los filtros

El que está hablando es Martín Sala o lo están truchando? ¿Es la cara de él, es la voz de él, es la opinión de él? Eso va a ser jodidísimo, y el periodista en algún momento se va a comer la curva. Todos. Pero además tendremos que  estar preparado para ser filtros, los que digamos “esto no es serio”. O “esto es falso”. El otro día cuando llovió y se inundaron algunos barrios de la ciudad,  nosotros nos llegaban decenas de fotos hechas con inteligencia artificial, o de hace mil años atrás. O con esto nuevo de la “ciclogénesis” nos llegaban fotos de olas totalmente truchas.

“Esto es una carrera con el algoritmo contra las redes. En definitiva, es una forma alocada que estamos viviendo, un delirio que nadie sabe dónde termina”

Lo anterior era más profundo, hoy estamos arriba de un Fórmula 1.

El periodismo tenía un valor en sí mismo, era una disciplina que te permitía analizar. La lectura implica una reflexión, y algunos periodistas te invitaban a eso. Hora Clave o Tiempo Nuevo a veces duraban dos horas y se veía todo. ¿No crees?

Marcelo Pasetti: Hay un periodismo de nicho para eso, ¿eh? Hay. O sea, vos te tenés que quedar 40 minutos viéndolo el editorial de Carlitos Pagni todos los lunes a la noche, o leer a Santi Fioriti la página del domingo completa, o a Jorge  Fernández Díaz, o a Jorge Liotti. Y a mí también me encanta. Son referencias obligadas. Esas columnas vos la podés escribir en dos horas, pero estos tipos tienen 30 cafés con fuentes antes de sentarse en la computadora,  tienen almuerzos, tienen cenas, tienen llamados telefónicos. Estoy seguro que Santiago Fioritti, Pagni o cualquiera de estos periodistas, laburan toda la semana para escribir esa columna. Son periodistas con todas las letras, Hablan con una fuente, chequean, tienen una punta, pueden estar en un agasajo como el del otro día en el Costa Galana y enterarse de algo que se convierte en una punta… Y te vas a dormir con ese dato en la cabeza para seguir laburandolo.

Pero también está lo otro: con un videíto alcanza, para muchos un videíto alcanza. Entonces hay un periodismo de nicho que va a seguir manteniéndose, ese periodismo profundo, de la entrevista larga, del análisis, y después está lo otro que es esto, el algoritmo, es el Instagram.

-O sea que esas notas extensas: ¿Todavía todavía tienen espacio?.

Marcelo Pasetti: Sí, hay mucha gente que lee, si no no habría más libros tampoco. Hay una crisis del libro, está claro. ¿Cuántos han cambiado el libro a la noche por ver Instagram, que sabe que te gusta el café de elaboración y te muestra 70 variantes atrapandote? El teléfono nos ha tomado gran parte de nuestro tiempo.

La comparación de Facundo Manes: Esto es como el pucho

Ayer hicimos una nota a Facundo Manes. Dijo algo que me dejó impactado. Comentaba que hace 30 años sabíamos que el pucho era malísimo, todo el mundo sabía que el pucho era malísimo, pero aparecía la propaganda, los actores fumaban en las películas, vos fumabas en el tren, en el avión… Tardamos 30 años en darnos cuenta de lo nocivo que era. Hoy esto (el teléfono) es como el pucho, todos sabemos que nos está destruyendo, y dentro de 30 años vamos a decir “mira, pobre tipo anda con un teléfono”. Lo vamos a mirar como un enfermo o un adicto.  Me quedé impactado. Le pregunté  ¿Facundo el cerebro humano está preparado para este bombardeo?. Y fue categórico. “De ninguna manera”, me dijo. Me explicó que si te llevás el teléfono a la cama, la luz engaña a tu cerebro diciéndole que es de día; tenés un quilombo porque no se está preparando para dormir. Estas viendo a Juan que subió una foto en la Costa Amalfitana paseando y decís “mirá dónde está este guacho”. Leíste algo de política que te jodió, viste algo de Boca que te hizo maldecir y en definitiva  te fuiste a dormir hecho pelota, con la cabeza estallada, Y no descansas. Y así todos los días, a toda hora… Te intoxica.

Y eso que nosotros lo vivimos de grandes, pero hay otros como mis hijas que ya es lo normal el uso del teléfono. Pero el problema de mis viejos era con nosotros, ¡todo el día con el televisor, te vas a matar con el televisor, el televisor que te vas a morir, te vas a hacer mal!. Era el televisor, después era todo el día con la Play, ahora con esto. Es increíble cómo ha cambiado todo.

El fenómeno Tim Payne: por fuera de los medios tradicionales

¿Vieron lo que pasó con Tim Payne, el tipo ese Payne, el jugador de Nueva Zelanda? Eso te marca a las claras. Es un fenómeno sociocultural lo que pasó. Era un tipo de Nueva

Zelanda, había un influencer en Argentina que buscó a todos los jugadores del mundial para ver quién tenía menos seguidores, y encontró a Tim Payne, un jugador de Nueva Zelanda, que tenía apenas 4.000. Un jugador de Nueva Zelanda al que no lo seguía nadie. El pibe dice, el influencer argentino: ¿y si elegimos entre todos a un jugador para bancarlo y lo hacemos grande?. Y cuenta la historia: “Tim Payne tiene 4.000 seguidores, vamos a seguirlo a ver hasta donde llegamos”. ¿Cuántos tiene hoy Tim Payne?. Más de 4 millones. En Nueva Zelanda los All Blacks tenían un palo y medio; el flaco no entiende nada… Le llueven ofertas de marcas y empresas. Le cambió la vida. Desde Argentina un pibe logró que el tipo sea figura y lo entrevisten en todos los canales en Nueva Zelanda. Todo pasó por fuera de los medios tradicionales. Es un fenómeno increíble.

Hacer periodismo hoy

– Hace 30 años nos dijeron que la revista se moría, y acá estamos. También dijeron que se morían los diarios, y no sucedió. ¿Qué pasa, somos muy cabezaduras o vimos un holocausto que no era tal?

Pasetti: Ha habido una caída muy fuerte, el diario y la revista tienen su nicho. Ustedes tienen un producto de extrema calidad, sobreviven en un mercado, en un segmento importante de Mar del Plata. Nosotros hemos caído en las ventas… Son otros tiempos. De jóvenes esperábamos el martes la revista El Gráfico para ver si había sido penal la polémica jugada del domingo. La foto de El Gráfico 48 horas después era inapelable. Hoy esa jugada la tenés prácticamente al minuto que sucede en X o en Instagram.

El Gráfico cerró, no llegó a los 100 años. Cuando estaba por cumplir los 100 años, tuvo que cerrar. O sea, hay una crisis de los medios. ¿Qué pasa? Está mutando a nuevos formatos lo nuestro. Hoy es cuánto más se lee el diario. Vos abrís el Instagram del diario, tiene más de 300.000 seguidores, pero no te leen 25 páginas: te leen 10 líneas,  la noticia de Instagram. Es lo que se consume y tenés más de 300.000 personas que te siguen, que pueden llegar a leerte. Nunca vendiste 300.000 diarios en la historia de La Capital, jamás, jamás. Pero también es  cierto que esos números no se plasman en crecimientos económicos.

¿Hoy tenés un receptor de la noticia más embrutecido que hace 20 años? ¿Cómo cambió el receptor?

Marcelo Pasetti: No se embruteció; cambió la forma de consumir la noticia y la información. ¿Cuál es el tema número uno de discusión en Mar del Plata hoy? ¿Qué es lo que más preocupa?. Seguramente  la inseguridad. Perfecto, ese es un tema que nos ocupa a todos. Pero si le preguntamos a la gente qué opina de nuestros representantes, quiénes son o qué dicen, no tienen ni idea salvo el intendente o algún secretario. En cuanto a la cobertura de los medios, el robo de un teléfono ya dejó de ser noticia; está tan naturalizado que no se publica. El arrebato del motochorro ya no sale; si hay siete por días. Pasa a ser algo común. Como que todo eso se vuelve cotidiano y deja de ser noticia. ¿Dónde está el valor de nuestros medios? Por ejemplo, los días de temporal, cuando está por definirse si se suspenden las clases o no, vemos que el tráfico en nuestra página web crece exponencialmente. Están esperando la publicación.

En los motores de búsqueda vez que aparecen las palabras clases, temporal, La Capital… Y ahí es donde cobra importancia la credibilidad del medio y la marca. La gente no espera que cualquiera tuitee “mañana no habrá clases”. Le dará veracidad cuando lo publique La Capital, Canal 8 o cualquiera de los medios históricos y fuertes de la ciudad. De ahí va el link al grupo de padres del whatsapp.

Ese es el valor de las marcas frente a los grandes temas de agenda. Ahí el medio mantiene su fuerza. Pero después, el día a día, lo cotidiano pasa por el telefonito y también por otras vías.

¿Es una frustración que una investigación elaborada termine resumida en pocos renglones?

Marcelo Pasetti: En muchos casos sí. ¿Y sabés la depresión que eso provoca en algunos periodistas? Semanas atrás un periodista del diario hizo una investigación espectacular,  de tres días, sobre un caso policial histórico. Una nota alucinante de 150 líneas. La subimos a la web pensando “la va a romper, va a hacer un desastre con esta nota”. Ese mismo día, desalojaron a un hombre que vivía en una cueva acá en la playa y tenía tres gatitos a los que había que buscarles dueño. Alguien publicó cinco líneas sobre los gatitos y esa nota se leyó cincuenta veces más que la investigación.

Entonces decís “hay que barajar y dar de nuevo”. ¿Vas a laburar en función de lo que te pide la gente, de lo que marca el rubro “Las más leídas”? No, porque si no haríamos un diario para ubicar gatitos y perritos. Te daría miles de clics, seguro, pero perderías la esencia.

-¿Cómo manejan la veracidad de la información ante la presión de las redes en casos sensibles?

Marcelo Pasetti: Ahí aparece el oficio. El otro día desapareció una chica en Mar del Plata. Creo que fue el viernes o el sábado a la mañana. Sale la búsqueda de paradero de una piba y todos los medios empezaron a publicarlo, los portales… Y como estaba toda la psicosis por el feminismo y la atrocidad de Agostina Vega en Córdoba, pasaba a ser tema del día. Nosotros no lo estábamos publicando. Hablo con el encargado de la sección en el diario y me detalla que no es así, que no hay ningún indicio de desaparición forzosa, y que por el contrario, los investigadores ya tenían imágenes de una cámara donde se veía a esta joven marplatense ingresando a la terminal. Seguramente era una persona que tuvo un problema intrafamiliar, una cuestión privada. Y no lo publicamos. Y tuvimos que bancar la presión porque estaba saliendo en todos lados y nosotros estábamos perdiendo clicks. A las pocas horas se informó oficialmente que la chica estaba sana y salva y que se había trasladado por sus propios medios. Ahí también está el oficio del periodista, la confianza en sus buenas fuentes, la experiencia. Y sabes que estás representando a un medio que acaba de cumplir 121 años. No podes manejarte por impulsos o por búsqueda de clicks…

-¿Nunca se te ocurrió irte a trabajar a Buenos Aires en todos estos años?

Marcelo Pasetti: No. No he querido. En su momento me llamaron para un cargo importante. Aparecieron oportunidades, algunas por cierto tentadoras. Pero no. Prefería quedarme.  Yo amo esta ciudad, me parece que somos privilegiados de vivir acá. Y además, como decía el otro día, hacemos lo que nos gusta y encima nos dan premios. Mar del Plata es única. ¿Sabés lo que es caminar a diario cerca del mar cuando hay gente que trabaja once meses para poder venir quince días? Somos unos privilegiados. De todos modos, es un momento difícil para el periodismo: hay precarización, presiones, problemas con la publicidad… Pero hoy se da al revés; mucha gente de Buenos Aires nos escribe porque quiere venir a laburar acá buscando calidad de vida. Están hartos y te llaman diciendo: “quiero ir a laburar a Mar del Plata”!.Lo hemos hablado 150 veces: tenemos una ciudad del carajo. A veces nos falta un poco más de capacidad para aprovechar todo esto, pero esta ciudad tiene un potencial tremendo.

Vivir y sentir la ciudad

-¿Cómo ves a Mar del Plata en comparación con el resto del mundo?

Marcelo Pasetti: Mar del Plata en cuanto a bellezas naturales es increíble, pero estamos fallando en las políticas a largo plazo. O sea, ¿cuál es la política de la ciudad? ¿Vamos a edificar en todas las playas o no? ¿Vamos a tirar abajo el patrimonio histórico o vamos a poner un tope? ¿Vamos a concentrar las torres en una sola zona o las vamos a meter por cualquier lado? ¿Vamos a tener un estadio mundialista para captar turismo, partidos de verano y grandes acontecimientos deportivos, o vamos a permitir que cuatro tipos compren un pliego, pongan un alambrado y ahora salgan a vender la llave del estadio al mejor postor para ver si podemos recuperarlo?. Lamentablemente, y Dios quera que me equivoque,  el Minella se va a quedar como está. ¿Quién va a poner guita en semejante monstruo cuando la ganancia real te la da el Polideportivo y el resto de los espacios del Parque de Deportes?. Son oportunidades que dejamos pasar por equivocarnos. Cuesta creerlo, pero lo del Estadio me indigna porque estaba convencido de que esta vez se daba. Terminó siendo una farsa porque se cortaron los chorros de donde iba a salir la plata. ¿Y ahora quién la va a poner?. Por eso la verdadera unidad de negocio va a ser el Polideportivo, que con poco lo acomodás. Estoy harto ya de la Mar del Plata de renders. Basta de maquetas virtuales, ponémelo en serio. Pusieron un alambrado, no le pagaron a nadie y está lleno de deudas.

Hay un montón de marplatenses que quieren cobrarle a estos tipos que vinieron a mostrar y prometer palcos y techos y obras maravillosas. ¡Por favor, basta de renders!. Los pedimos porque son lindos para ilustrar las notas,  y terminamos una vez más defraudados.

-¿Qué tipo de proyectos estructurales crees que le cambiarían la ecuación a Mar del Plata?

Marcelo Pasetti: Cuando hablo de las grandes políticas no pienso en cosas extraordinarias. No me digas que en Mar del Plata no hay empresarios o grupos que puedan sentarse y decir: “Muchachos, si nosotros ponemos un tren bueno, rápido, no un tren bala, la ecuación de la ciudad cambia por completo. No te pido un tren bala ni el tren magnético de China; hablo de un tren que tarde tres horas de Buenos Aires a Mar del Plata. Tres horitas. ¿Es posible? Sí, es cambiar las vías. Como pasa entre Barcelona y Madrid y entre otras ciudades del mundo. Un tren que te cambia la ecuación y el futuro de la cuidad: te levantás a las siete de la mañana en Buenos Aires, te tomás un cafecito, te leés el diario o escuchas un podcast y al rato ya llegaste a Mar del Plata. O al revés, vas a laburar allá.

Ese tren viajaría lleno, no pararía de subir gente.

Pero no es solo eso, Martín. Con una conectividad así, ya podés planear traer a grandes figuras artísticas a la ciudad, acontecimientos deportivos, etc,. ¿No se puede hacer eso? ¿De verdad no se puede hacer?

Y mientras tanto irrumpe en escena el tema de la licitación de Chapadmalal….

-Marcelo Pasetti. ¿Sabés cómo termina eso? Lo van a rifar, lo van a privatizar. Van a hacer un Cancún chiquitito que nosotros lo vamos a ver desde la ruta, porque para el marplatense no va a haber absolutamente nada. Ahora, yo no te digo todo el complejo, pero dale dos hoteles a la ciudad… ¿No hay forma de que las universidades se junten —la privada y la pública, todas— y digan: “Bueno, vamos a pedir un hotel para laboratorios, o para alojamiento de turista extranjeros. O para la Facultad de Medicina que está necesitando espacios. O para construir un nuevo Hospital y descomprimir el Interzonal. Falta un hospital; lo único que tenemos es el Interzonal, y lo tenemos de este lado.

Pero bueno, hay cosas que a veces te cuesta entender… Hace falta unidad para poder laburar y consensuar ante determinadas cuestiones.  Ahora se está discutiendo lo de la derogación de Zona Fría. Macho, esto involucra a todos, perjudica a mucha gente vamos a firmar todos juntos el dictamen, dejémonos de joder. “No yo no voy a firmar porque se va a enojar Milei”… Primero Mar del Plata viejo. Ahora hay una polémica en relación a cuántas personas se encuentran en situación de calle. Sale un informe, el ex intendente critica el número, la oposición bate el pache, y en definitiva, están polemizando si son 400, 300 o 200. ¡Así sea uno solo, hay que laburar! No necesitás leerlo en los medios: con caminar las calles te das cuenta.

No se puede tapar el sol con la mano.

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-Se nota que te sigue afectando a flor de piel todo lo que le pasa a Mar del Plata…

Marcelo Pasetti: Es porque uno tiene hijos y tiene nietos, y es la ciudad que ama. Y vos ves todo lo que se puede hacer. Cuando vas afuera comprendes aún más todo lo que podríamos ser. Voy a ejemplos cortitos. En el mundo se habla de Piazzolla. ¿Sabés los tipos que vendrían a ver dónde nació, dónde tocó por primera vez Piazzolla?

¿Sabés lo que hubieran hecho en cualquier lugar del mundo con la leyenda del Marcelino de Ciriza, ese barco fantasma que anduvo solo, que salió del puerto y terminó en la avenida Constitución?

El fenómeno del Dibu Martínez y las oportunidades perdidas

El Dibu Martínez es de Mar del Plata, el mejor arquero de la historia, y tiene una chapa puesta en Alberdi y Corrientes.

Netflix le hace una serie, el mundo habla de él… ¡Los pibes quieren ser arqueros! ¡Nunca en la vida quisimos ser arqueros, y ahora los pibes quieren atajar!. Ya debería estar el mural de Martínez en algún edificio. ¡Tenemos tantas cosas para aprovechar!. Y no necesitas invertir millones.

(…) Es una ciudad muy rara también, porque vivimos mucho tiempo embelesados por esos dos meses de verano. Ahí todo es lindo, está el sol, está la música electrónica, hay gente por todos lados y te sentís el más vivo… ¿Y el resto? Bueno, hay que laburar todo el año.

La Mar del Plata de los dos meses no existe más. No existe más, porque además hay industrias que están muriendo. Hoy hablábamos de la tecnología y no podés soslayar lo que pasa con China. El otro día vino un amigo de China —un argentino, un flaco de Mar del Plata que fue a comprar cosas— y me dijo “si esto sigue así no se va a fabricar  más nada en la Argentina”. Estamos viviendo una transformación en todo aspecto y hay que estar preparados para eso. Si nos quedamos en la chicana del Concejo Deliberante, cruzándonos por pavadas,  bueno, así no vamos a salir nunca.

– Le escribiste un tuit a Claudia felicitándola por el encuentro de periodistas. ¿Qué reflexión tenés sobre lo que ella hace?

Marcel Pasetti: Es buenísimo. El laburo que hace en ese sentido es sensacional, porque además… es costoso, sale muy caro. Es una fiesta muy cara. Había 80 o 90 periodistas de Buenos Aires este fin de semana y no solo hablaban de la fiesta, sino que cada uno subía historias del restorán al que fue, de la caminata por la playa, de la Rambla… Y el tipo que está en Tucumán mirando Instagram dice: “Mirá qué linda que está la playa, che. ¿No nos podemos hacer una escapada?”. Eso no tiene precio, no tiene precio. ¿Cómo lo cuantificás? ¿Qué valor le ponés? Es como tener a Fernando Bravo transmitiendo su programa desde Mar del Plata diciendo: “acá estoy viendo el barquito que pasa”. El viernes se transmitió desde acá por Radio Mitre; hizo el programa de la tarde desde la ciudad. O sea, todo eso es como los almuerzos de Mirtha Legrand: no hay forma de pagarlo.

El teléfono como canal y el reconocimiento a la organización

Hoy con el teléfono hacés todo. Haber logrado tener a tantos periodistas de Buenos Aires y, al mismo tiempo, generar esa convivencia e interacción con los periodistas de

Mar del Plata… es hermoso. Yo se lo dije a ella: Tiene mucho valor lo que hacés, Claudia, con el esfuerzo que te significa sacar todo esto adelante. Es muy bueno.

Toda esa gente está invitada, son profesionales destacados, y te das cuenta del impacto por las historias que suben. Yo le digo siempre: Seguí, porque esto tiene un valor enorme para todos los que estamos en el ecosistema”…

Romper los compartimentos estancos del oficio.

Más allá de que vemos y disfrutamos la posibilidad de premiar a uno o al otro, pasamos un buen momento para charlar y encontrarnos. El nuestro, si no, es un ambiente de compartimentos estancos; hay muy pocos lugares donde te encontrás y podés cambiar figuritas, como decimos nosotros, Esta es una fiesta realmente para aplaudir y para destacar. Ojalá que siga por muchas ediciones más.

El diario y el medio

-El diario La Capital cumplió 121 años. ¿Cómo ves este presente y el futuro del medio?

El diario cambia, muta. Mutan los formatos y vamos buscando nuevas maneras de comunicar. Hoy lo digital y la web son muy fuertes, y lo audiovisual también. Ya armamos un estudio —no de televisión, porque sería muy pomposo nombrarlo así —, pero sí un espacio donde podemos grabar notas y salir al aire desde el diario. Está muy bueno. Y se suman las nuevas generaciones: chicos jóvenes para refrescar la redacción, para entender los nuevos lenguajes y para manejar las redes. Ellos nos inyectan sangre joven en redacciones que a veces eran por demás antiguas, y al mismo tiempo ellos se nutren de la experiencia de quienes ya llevamos muchos años. Es un

feedback, un ida y vuelta hermoso el que se está dando, y creo que es una de las cosas más lindas de este momento.

La gestión de Florencio y los años difíciles

En cuanto a Florencio Aldrey, lleva un tercio de la historia del diario al frente de la dirección. Comandó una empresa y la saneó en momentos difíciles; no era fácil, hemos atravesado años muy pero muy jodidos. Ahora veremos cómo sigue esta historia, siempre apuntando a seguir creciendo y a llegar a las mayores audiencias a través de los nuevos formatos. ¿Quién te iba a decir hace veinte años que la gente se iba a informar por un teléfono o que íbamos a poder transmitir a través de esto?

Del Capitán Kirk al teléfono celular

Es como hablábamos hoy del rollito de fotos que venía en el avión. Si nos vamos a Viaje a las estrellas, cincuenta años atrás, el capitán Kirk y Spock hablaban con un aparato así: se lo sacaban de la cintura, hacían clac; y hablaban. Pero solo hablaban, y en ese momento nos parecía televisión, ciencia ficción pura… ¡Y mirá ahora! Hoy con el teléfono no solo habrás, sino que te informás, trabajás… y hasta te tomás la presión.

-Reflexiones finales

A propósito de lo que hablamos hoy, Mar del Plata tiene un periodismo bárbaro y representantes espectaculares en todos los aspectos; salen jugadores de cualquier lado. Fijate el caso de Duville, el artista plástico que la está rompiendo en la Bienal de Venecia.

Siempre hay un marplatense destacándose. A ese potencial humano hay que cuidarlo. Y en lo que tiene que ver específicamente con el periodismo, reiterar la felicidad de esta distinción. Lo más lindo, sin lugar a dudas, es el reconocimiento y el cariño de los colegas y el hecho de que el premio haya quedado acá. No queda otra que seguir laburando y defendiendo a la ciudad por sobre todas las cosas.

Los cinco ítems innegociables para la ciudad

Entre todos, más allá de los intereses particulares de cada uno, hay grandes temas en los cuales tenemos que estar juntos y dejarnos de joder. Así como reaccionamos cuando hay una inundación o una catástrofe y nos ponemos todos bajo un mismo objetivo… o como pasa el 2 de abril con Malvinas, que es un tema que nos une. Yo creo que Mar del Plata, ante determinadas circunstancias, tiene que estar toda junta. Sé que suena utópico, que suena a sueño de hippie, ¿viste? Pero viejo, en algún momento va a tener que ser. Somos privilegiados, tenemos una ciudad increíble; démosle para adelante sobre cinco ítems. Pongámonos de acuerdo en cinco situaciones que no se toquen más, que se sellen, se firmen y con eso no se joda más por nuestros hijos y nuestros nietos. Pongámosle freno a ciertas situaciones. Tengamos una nocturnidad controlada, un crecimiento ordenado. Tiremos todos para el mismo lado ante temas esenciales. Somos privilegiados. No desaprovechemos más oportunidades.

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