50 años en la UOCRA
Secretario general de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA) en Mar del Plata, Trujillo cumple cincuenta años de militancia sindical. Una historia que empieza en Chapadmalal, pasa por el Bristol Center y recorre el país entero.
Hay trayectorias que no se cuentan en años, sino en etapas. En el caso de César Trujillo, secretario general de la UOCRA —la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina— en Mar del Plata, esas etapas tienen nombre propio: guardavidas, militante, concejal, dirigente gremial. Cincuenta años al servicio de los trabajadores de la construcción, una vida entera forjada entre el mar y el andamio.

La historia comienza antes del sindicato. Su padre llegó desde Buenos Aires en la década de 1930, consiguió trabajo y echó raíces en la ciudad cuando conoció a una marplatense con quien formó una familia numerosa: siete hijos, cuatro varones y tres mujeres. En 1958, al pedir el retiro del Automóvil Club Argentino, la familia se mudó a la Unidad Turística de Chapadmalal. “Ahí pasamos nuestra niñez prácticamente. Vivimos una juventud extraordinaria. Esos son los mejores recuerdos de mi vida”, recuerda Trujillo con una sonrisa y un dejo de emoción.
“Vivíamos prácticamente en el primer mundo: jugábamos al bowling, al ping-pong, hacíamos natación y andábamos a caballo. Nos llevaban al colegio y nos traían en los colectivos Mercedes Benz de la época”, recuerda en diálogo con CENTRAL. Trujillo destaca que con sus hermanos tuvieron una juventud “muy linda y muy sana” gracias al sacrificio de su padre.
Años después, cuando cumplió 20, comenzó el servicio militar. “Me tocó en San Martín de los Andes”, apunta, y aclara que en esa época San Martín de los Andes no era lo que es hoy. “Que te mandaran a un lugar tan lindo era otra cosa”, señala.
No fue la única ciudad de la Argentina donde sumó experiencias. Durante su trayectoria sindical se desempeñó en distintas seccionales de la UOCRA del país, vivencias que también resume en esta entrevista.
De guardavidas a la construcción
Al finalizar el servicio militar, César Trujillo regresó a Mar del Plata y comenzó a desempeñarse como guardavidas. Desde chico nadaba en el mar con sus hermanos; incluso recuerda que durante la adolescencia había realizado salvatajes.
Cuando tenía 16 años, la Cruz Roja Argentina se había hecho cargo de los guardavidas. Realizó el curso en la pileta cubierta para obtener el título. “Era nadar, hacer remolque, y en esa época comenzó a practicarse la respiración boca a boca, que se usa sobre todo para el masaje cardíaco, la RCP. Ahí comenzamos a trabajar formalmente como guardavidas de la Cruz Roja Argentina”, describe. Así ejerció el oficio durante cerca de diez temporadas, custodiando a quienes disfrutaban del mar.
Uno de sus hermanos trabajaba en la construcción. César era pintor. Sin embargo, su debut en obra fue en la década del 70, en uno de los desarrollos más emblemáticos de Mar del Plata: el Bristol Center. “Y ahí empecé a militar en la Unión Obrera de la Construcción”, subraya Trujillo.
“Trabajé esa temporada de guardavidas y después del verano empecé directamente a trabajar en la obra y de ahí, al sindicato. Me incorporé a la Unión Obrera a los 25 años. Quedé efectivo y después no quise ir a la playa para no perder el trabajo, que me gustaba mucho”, cuenta.
Trujillo afirma que militaba desde chico. En su interior había convicciones que coincidían con lo que conoció de la UOCRA durante sus primeros pasos en la obra. “Hacía lo que me gustaba: la defensa del derecho al trabajo. La vida me dio muchas más oportunidades y pude estar a niveles muy importantes dentro de la carrera sindical”, destaca.
El gremio fue también un camino compartido. Durante años, César y su hermano Jorge Trujillo condujeron juntos la seccional local: Jorge como secretario general, César como secretario general adjunto. Una dupla que el mundo de la construcción marplatense conocía bien. Cuando Jorge falleció en enero de 2018, César asumió la conducción. Lo que había sido un proyecto conjunto se convirtió en una responsabilidad personal que lleva adelante hasta hoy.
César es padre de tres hijas, quienes fueron parte de su vida también durante los años de mayor intensidad gremial. Recuerda que cuando estuvo en la seccional de Zona Norte viajaba los fines de semana para estar con ellas y luego tomaba la ruta 2 para regresar a sus compromisos. “Era un sacrificio, era joven y hacía lo que me gustaba”, resume.
La obra en la actualidad
Con el correr de los años y los avances de la industria, la construcción se modernizó. “Antes, para hormigonar un piso de 500 metros cuadrados necesitabas al menos 20 compañeros. Hoy viene el mixer con la manguera, dos trabajadores arriba y uno abajo, y hacen lo que hacían 20. Eso es modernizarse”, explica.

“Lo que se sigue manteniendo de manera tradicional es el albañil, el carpintero, el que prepara para encofrar y llenar esas losas grandes. Sin la mano que hace todo eso no se puede tirar el hormigón. Eso se mantiene tal cual”, amplía.
Otro de los avances es la construcción en seco. “Tenemos cosas modernas que se han aplicado y que vienen muy bien, porque el hombre no sufre tanto. Antes se trabajaba muchísimo y mal, por los esfuerzos y los riesgos”, menciona Trujillo.
“Más allá de que la obra es muy peligrosa, también estamos muy avanzados en ese sentido, con el cuerpo de delegados preparado para controlar la higiene y seguridad en obra. Tenemos ingenieros y técnicos que por ley tienen que estar en la obra todo el tiempo”, agrega. Esos avances en seguridad “han mejorado la calidad de vida y el trabajo de la gente”. Y subraya la importancia de que los obreros cuenten con casco, guantes, antiparras y arnés.
La época de oro
César Trujillo era chico cuando se levantaron las grandes obras de Mar del Plata, pero conoce cada una como si hubiese formado parte de su realización. En obras como La Rambla, el Casino y el Hotel Provincial, cuenta que fueron más de 1.000 trabajadores los involucrados para erigir esos emblemas marplatenses. “Cuentan que en la avenida Colón, la mano hacia el interior del continente, iban miles de bicicletas”, describe.
“Fue una época de oro de la industria de la construcción. También fue cuando la avenida Colón, que tenía muchísimos chalets y viviendas de época, los fue reemplazando por edificios”, agrega.
Mar del Plata tiene una “historia muy rica” en construcción, crecimiento y desarrollos. “Hoy estamos esperando algunos cambios, modernizarla un poco más, porque hace falta. Se ha quedado un poco en el túnel del tiempo en muchas cosas, respecto al nivel internacional. Nos falta un poco”, opina. “Estamos para trabajar y esperamos que estas obras sigan creciendo, que se sigan desarrollando. Es muy importante”, sostiene.
Cincuenta años de trabajo sindical
Trujillo cumple cinco décadas de trabajo sindical. Años en los que fue testigo de muchos hechos y cambios. “Es una vida”, resumió.
Empezó en 1975. Ese año, su agrupación ganó las elecciones y él representaba a la juventud sindical de la UOCRA. También participaba en la CGT. “Lo dirigencial era de otra forma: tenías que ocuparte, formarte para poder llegar, porque era muy competitivo. Veníamos de muchos años de intervenciones militares y tenías que tener condiciones para estar a la altura de las circunstancias”, expresa.

Tras el golpe de Estado de 1976, Trujillo se fue a Córdoba. Pidió el pase a la seccional de la UOCRA en Villa María, donde formó parte del área cultural, deportiva y social. Ese traslado no solo le generó nuevas oportunidades laborales, sino también personales: se casó con una villamariense. “Liliana, profesora de educación física, ella ejerció la docencia por más de 40 años y me ayudó mucho”, resalta.
Durante su tiempo en Córdoba, trabajó en la realización de un polideportivo en Villa Nueva, un proyecto conjunto entre la Unión Obrera y La Bancaria. A pesar de todo lo que generó en esa zona, extrañaba la costa, el mar, su familia. Viajó a Buenos Aires y pidió el pase para regresar a su ciudad. Su deseo fue concedido y volvió para integrarse al área de Deporte y Recreación. “Ahí me fui metiendo más en la actividad sindical”, señala.
“Estábamos muy metidos con el tema familia. En esa época afilié a la Unión Obrera en la Liga Marplatense de Fútbol. Teníamos alrededor de 150 chicos en el fútbol infantil. Llegué a ser presidente de la liga”, recuerda. Además del fútbol, también federaron a la Unión Obrera en atletismo, y Trujillo dio clases de natación a hijos de trabajadores en la pileta Royal de Mar del Plata. “También incorporé dos profesores de educación física y hacíamos campamentos, colonia de verano… Tenía un ritmo muy fuerte, todo el año”, agrega.
Una de las anécdotas que más recuerda de esa etapa fue la compra de un colectivo De Soto, modelo 62, con motor Perkins. “Lo compramos con bono contribución, con los padres, con los trabajadores. Nos dio mucha satisfacción, porque lo usamos para fútbol, para atletismo y para ir de campamento”, describe con orgullo. Al principio lo manejaba él mismo, hasta que consiguieron un chofer.

“Todo me costó mucho, pero hacía lo que me gustaba. En la década del 80 estuve como secretario de Deportes y Turismo. Y en el 85, después de la vuelta a la democracia, hubo elecciones. Ahí empecé a participar mucho más”. La lista blanca, su espacio, ganó en esas elecciones.
Nueva etapa
A partir de esas elecciones, Trujillo fue convocado para trabajar en el campo de Deporte de la UOCRA en Buenos Aires: un predio de 17 hectáreas con grandes piletas de natación y pista de patinaje. “Fue un salto muy importante”, resalta.
Años después, en 1990, se realizó en Mar del Plata un congreso con cambio de autoridades. Tras ese encuentro, el titular nacional de UOCRA, Gerardo Martínez, le ofreció hacerse cargo de la seccional Zona Norte de Buenos Aires, conformada por los partidos de Vicente López, San Isidro, Tigre y Escobar. Con la dedicación que lo caracteriza, Trujillo también logró que los hijos de los trabajadores de esa zona pudieran viajar a Mar del Plata, conocer y disfrutar el mar.
Por aquel entonces se realizaron grandes obras en la región: el Tren de la Costa, el ensanche de la Panamericana, entre otras. Trujillo se desempeñaba como delegado normalizador con las grandes empresas. “Siempre se trabajó con diálogo. El empresario sabe lo que le corresponde al trabajador y el trabajador sabe lo que le corresponde al empleador. Eso es muy importante”, enfatiza.
El regreso a Mar del Plata
A la par del trabajo sindical, Trujillo militaba en política. Estuvo en la seccional de Zona Norte del gremio hasta 1993, cuando fue electo concejal de Mar del Plata por el Partido Justicialista. Si bien desde la seccional no querían que dejara su puesto, los afectos y su militancia por la ciudad hicieron que regresara.
Tras cumplir esa gestión continuó en Mar del Plata como secretario general adjunto de su hermano Jorge, entonces secretario general. Por esos años comenzaron las obras en el marco de los Juegos Panamericanos y César colaboró también con el Ministerio de Obras Públicas en distintos proyectos.
Para el año 2000, el secretario general del gremio, Gerardo Martínez, volvió a convocarlo, esta vez para la seccional de La Plata, que estaba intervenida. “Patricia Bullrich, hoy senadora, era ministra de Trabajo de Fernando de la Rúa”, recuerda. Durante su gestión en La Plata se finalizaron el Estadio Único, obras en la autopista La Plata-Buenos Aires y trabajos en la Catedral. Luego pasó por la seccional de Bahía Blanca y, más tarde, por la de Lomas de Zamora.
“Uno va a poner su granito de arena con su experiencia. Ya saben quién es quién en este oficio. Lo primero que decía en las asambleas era que no venía a quedarme. Entonces era más fácil”, explica.
En Zona Norte, recuerda una asamblea ante 500 trabajadores de una multinacional donde el principal problema era la obra social. “Me subí arriba de un tanque de 200 litros y me presenté. Dije que íbamos a poner las cosas en su lugar. No había problema con los reclamos, la empresa daba todo, pero si no tenían obra social había que resolverlo”, narra. Esa noche fue a esperar a Martínez a la puerta de Canal 9 para contarle lo ocurrido. “Eso fue un jueves y el lunes (siguiente) inauguramos la obra social. Antes del mes. Con todos los servicios. Fue un orgullo. Había que estar y gestionar. Cumplí con los muchachos”, agrega.
El Programa Dignidad
En 2002 volvió a ser concejal y desde ese rol impulsó varias iniciativas. “En mi gestión como concejal y dirigente de la Unión Obrera hice el camino viejo a Miramar y el traslado de la Villa de Paso. Hemos hecho más de 520 viviendas en cuatro barrios, en terrenos municipales”, recuerda.
Le pidió al gobernador Felipe Solá apoyo para los trabajadores afectados por la desocupación y le planteó la iniciativa de la Villa de Paso. También lo habló con el intendente de aquel entonces, Daniel Katz. “Ese programa, el Programa Dignidad, fue una de las gestiones más importantes que hice”, resalta.
La formación y la actualización
Para Trujillo, la educación y la actualización siempre fueron prioridades. Además de defender los derechos de los trabajadores, buscó ofrecerles herramientas concretas para su formación. Recuerda que en la década del 90 habían comenzado distintos cursos en la zona norte con grandes empresas a cargo de obras modernas. A raíz de esa experiencia, habló con el secretario general de la UOCRA para comenzar a trabajar en una escuela de capacitación.
“El objetivo siempre fue mejorar la calidad de la mano de obra, enseñándoles todo a los trabajadores. No solamente aprender el oficio, sino tener presente el cuidado del trabajo, el respeto por el compañero, por los derechos del empleador, que todos somos uno. Nosotros nunca pretendemos que le vaya mal al empleador, porque si le va mal, también le va mal al empleado. Con ese concepto empezamos con la escuela de formación profesional”, detalla.
Había unos terrenos en el Barrio UOCRA, donde se habían construido viviendas para los trabajadores, y ese lugar fue utilizado para construir la escuela, que funciona desde hace más de dos décadas.
“Es una alegría de corazón, porque ofrece cursos gratuitos y enseña oficios. Hoy, si no tenés oficio, no tenés trabajo. El oficio está por encima de todo, más allá de la modernización y la tecnología. A la obra hay que hacerla y la mano de obra es muy importante. Buscamos mano de obra calificada”, resalta. La escuela ofrece cursos oficiales, registrados y controlados por la Dirección de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires.
La salida laboral
Contar con la formación en el oficio, y el diploma que la avala, “ayuda mucho”, según explicó Trujillo. “Si bien el trabajo depende de la situación del país, del inversor o del desarrollador, si surge, la mano de obra somos nosotros. Mar del Plata se viene sosteniendo gracias a la inversión privada y muy poca obra pública, como la obra de La Rambla, que es muy importante”, indica. También señala los trabajos de la ruta 11 para la doble mano a Villa Gesell y los que comenzarán en la ruta 2. Sin embargo, el sector no está en su mejor momento. El contexto económico impacta en la industria de la construcción.
LA HUELGA A LA JAPONESA
Durante la primera parte de la pandemia y el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), la construcción era una de las actividades que estaba prohibida. Sin embargo, los trabajadores de Mar del Plata buscaron la forma de dar a conocer la importancia de continuar con sus tareas, incluso con los cuidados necesarios por el COVID-19.
“Si no trabajamos, no comemos. Me junté con algunos empresarios importantes del Centro de Constructores y la Cámara Argentina de la Construcción y les dije: ‘Si ustedes me abren la obra, vamos a trabajar'”, relata. “La verdad que les cayó muy bien, porque era necesario trabajar para poder cobrar y mantener distintas cuestiones”, remarca. El intendente de ese momento, Guillermo Montenegro, también acompañó la iniciativa, conocida como “huelga a la japonesa”.
El amor por Mar del Plata
Con 50 años de trayectoria en el gremio, Trujillo tuvo la oportunidad de conocer distintos lugares turísticos, pero, según sus propias palabras, no hay nada como Mar del Plata. “Quisiera para la ciudad un desarrollo pujante. Ya tenemos una Mar del Plata de todo el año, el Parque Industrial, el puerto —que hoy está pasando un momento complicado—, pero la máquina de trabajo y de desarrollo es la industria de la construcción. Es más que importante y hoy sostienen todo”, considera.
“Mar del Plata es capital turística de la Argentina, sin duda alguna, y está para más, para mucho más –continuó–. “Deseo que se siga desarrollando, que siga creciendo con la modernización. Les encanta a todos los que vienen del interior o del extranjero, y su desarrollo es fundamental. Hay muchas cosas por hacer. Esperemos que sea pujante, la ciudad feliz, que es todo lo que queremos”.
Más de 5.000 trabajadores formados: cómo funciona la escuela de la UOCRA en Mar del Plata
El Centro de Formación Laboral N.° 407 capacita hoy a 536 alumnos en 26 cursos de construcción, instalaciones y oficios. Mauricio Lacuadra, su director, explica cómo se organiza, qué buscan quienes concurren y por qué un certificado del centro pesa cada vez más en el mercado laboral.
En una ciudad donde la construcción nunca para del todo, hay un espacio que desde hace más de dos décadas le pone nombre y diploma a lo que muchos aprenden mirando. El Centro de Formación Laboral N.° 407 de UOCRA Mar del Plata tiene hoy 536 alumnos distribuidos en 26 cursos que van de albañilería y herrería hasta diseño asistido por computadora y seguridad e higiene laboral. Al frente está Mauricio Lacuadra, director de las Escuelas de Formación Profesional de la seccional local.
La oferta es amplia y la organización, necesariamente precisa. “Los cursos no tienen una carga horaria uniforme, así que los distribuimos de lunes a viernes en horarios que no se superponen”, explica Lacuadra. Para eso cuentan con siete aulas, seis aulas-taller y un patio de trabajo cubierto de 180 metros cuadrados, además de espacios abiertos para prácticas en exterior. La jornada se divide en turnos matutino y vespertino.
El equipamiento es otro pilar. Desde su fundación, el centro incorporó herramientas y tecnologías acordes a cada especialidad, y las fue renovando a lo largo de los ciclos lectivos. Parte de ese equipamiento llega a través de la Fundación UOCRA —el ente que nuclea a todos los centros del país—, otra parte mediante planes de mejora del Estado nacional y provincial, y el resto con el aporte de empresas del sector comprometidas con la capacitación.
Las prácticas, además, se realizan en el propio establecimiento: los alumnos participan en el mantenimiento y mejora del edificio, y en ocasiones concurren a entidades educativas o de bien público para llevar adelante lo que el centro llama “prácticas profesionalizantes”.
“Asistir y aprobar un curso le otorga al alumno un certificado oficial que avala su idoneidad. Tras 20 años capacitando trabajadores, ese certificado es altamente valorado por los empleadores del sector”, remarca.
¿Quiénes se acercan y con qué objetivo? Lacuadra describe un perfil variado. La mayoría llega buscando una salida laboral o la certificación de conocimientos que ya tienen en la práctica. Pero también hay quienes quieren ampliar su panorama de trabajo y quienes simplemente buscan aprender a hacer las cosas por su cuenta. Para inscribirse hay requisitos mínimos: 16 años cumplidos, DNI actualizado, primaria completa —y secundaria en el caso de instalaciones y seguridad e higiene— y una asistencia mínima del 80 por ciento.
Los cursos con mayor demanda son los de instalaciones: gas, electricidad y sanitarias lideran las listas de espera. Les siguen construcción en seco, carpintería metálica, herrería, seguridad e higiene laboral, albañilería y colocación de pisos y revestimientos. La mayoría de los cursos es anual, de marzo a diciembre, y el desafío permanente, según el director, es mantenerse al día con los avances en técnica, materiales, herramientas y normativas.
El centro tiene también una red de vínculos hacia afuera. Firmó un convenio con la Universidad Nacional de Mar del Plata —a través de la Facultad de Arquitectura— por el cual la institución ofrece cursos de especialización y diplomaturas, mientras el centro pone a disposición sus aulas y talleres para las prácticas que la facultad requiera.
Hay además convenios con el Centro de Constructores de Mar del Plata y, desde 2009, un convenio marco con la Municipalidad de General Pueyrredon que incluye a escuelas de educación especial, lo que permite integrar alumnos con capacidades diferentes. Se suman visitas a obra, charlas, demostraciones y capacitaciones a cargo de empresas y proveedores de la industria.
Desde que abrió sus puertas, el Centro de Formación Laboral N.° 407 capacitó y formó profesionalmente a más de 5.000 personas. Hoy certifica en promedio entre 300 y 340 alumnos por año.
Y un dato que Lacuadra destaca con naturalidad: el 12 por ciento de la matrícula actual es femenina. “La mujer se fue acercando paulatinamente y se ha integrado de forma natural y activa a todas las actividades que ofrecemos”, dice. “El desempeño femenino en todas las disciplinas está al mismo nivel que el del hombre. No existe ninguna actividad que la mujer no pueda emprender con éxito.”