El hospital que crece con su comunidad

El Hospital Privado de Comunidad nació de una convicción compartida por médicos y vecinos: Mar del Plata necesitaba una institución capaz de ofrecer atención de alto nivel y acompañar el desarrollo de la región.

En 1965, esa idea dio origen a la Fundación Médica de Mar del Plata. Seis años después abrió el HPC, como expresión de un proyecto que vinculó desde el comienzo la asistencia con la formación y la investigación. La Fundación, sin fines de lucro, mantiene ese rumbo y reinvierte sus recursos en el crecimiento institucional.

La cirugía robótica, la atención especializada del ACV y el desarrollo del programa de trasplante cardíaco muestran cómo se amplían las respuestas disponibles. Las residencias y los equipos de investigación sostienen el conocimiento que exige esa evolución, mientras el master plan proyecta los espacios para las próximas décadas.

En estas páginas, Revista Central se acerca a quienes hacen posible ese trabajo. Un recorrido por la historia, el presente y los proyectos de un hospital que crece con su comunidad y conserva el propósito que le dio origen: acercar los avances de la medicina a las personas.

Hospital Privado de Comunidad: el legado de sus fundadores y una historia que sigue creciendo

Entrevista con: Dr. Fernando Santomil / Presidente Fundación Médica de Mar del Plata

Antes del hospital hubo una idea compartida por médicos y vecinos. Más de seis décadas después, la Fundación Médica de Mar del Plata sigue siendo el punto de partida de una institución que combina excelencia profesional, compromiso social y una mirada puesta en las personas. El doctor Fernando Santomil recorre esa historia y explica por qué el futuro del HPC sigue ligado a su comunidad.

Hay historias que ayudan a entender una ciudad. La del Hospital Privado de Comunidad es una de ellas, aunque para contarla correctamente hay que empezar antes de que existiera el hospital. El 14 de abril de 1965 se constituyó la Fundación Médica de Mar del Plata, una institución sin fines de lucro que nació de la iniciativa de profesionales de la salud y ciudadanos convencidos de que Mar del Plata necesitaba una manera distinta de cuidar a su gente.

La idea venía madurando desde fines de la década de 1950. Un grupo de médicos había impulsado una reforma hospitalaria que proponía innovaciones para su época: una historia clínica unificada, mayor atención a la prevención, incorporación de tecnología y divulgación de conocimientos sobre salud. Aquella experiencia fue breve, pero dejó una convicción duradera: era posible construir una institución con conducción propia, vocación científica y participación directa de la comunidad.

La Fundación quedó integrada por 250 fundadores: 50 médicos y 200 personas que no ejercían la medicina. Esa composición dice mucho sobre su identidad. El proyecto no debía pertenecer exclusivamente a un grupo profesional: la ciudad también tenía que ser protagonista. Su convicción fue decisiva: personas dispuestas a comprometer tiempo, recursos y esfuerzos para hacer realidad una idea colectiva.

“Lo primero que hay que destacar es que fue un proyecto que no tuvo empresarios detrás. Tuvo una idea”, recuerda el doctor Fernando Santomil, presidente del Consejo de Administración de la Fundación. Y recupera una definición de Ernesto Brik, uno de los impulsores: que la gente dejara de tener solamente un médico de cabecera para empezar a tener “un hospital de cabecera”.

El artículo primero: una misión que sigue marcando el rumbo

El sentido de aquella iniciativa quedó expresado desde el comienzo en el artículo primero del estatuto de la Fundación. Su misión no se limita a poner en funcionamiento un hospital: comprende crearlo, mantenerlo y desarrollarlo con un alto nivel técnico y científico y, al mismo tiempo, con proyección social hacia la comunidad. La prevención, la protección y la recuperación de la salud, junto con la docencia, la formación y la investigación, forman parte de esa misma visión.

En otras palabras, el Hospital Privado de Comunidad es la consecuencia más visible de un proyecto más amplio: la Fundación. Primero se definió para qué debía existir la institución y qué responsabilidad tendría con Mar del Plata; después se construyó el espacio capaz de llevar esos principios a la práctica. Ese orden no es un detalle histórico: ayuda a comprender muchas de las decisiones que todavía se toman.

“El estatuto de la Fundación establece desde 1965 que los logros deben ser volcados hacia la comunidad. Personalmente soy un apasionado de ese artículo y creo que nuestra obligación es cumplirlo”, afirma Santomil. Es una frase que permite leer toda la trayectoria institucional desde otro lugar: la excelencia no es una meta reservada al interior del Hospital, sino un compromiso con las personas a las que sirve.

Seis años para convertir una visión en realidad

La Fundación nació en 1965, pero el Hospital abrió sus puertas recién el 30 de mayo de 1971. Fueron seis años de trabajo, decisiones y expectativas. Mar del Plata tenía entonces unos 220.000 habitantes y el nuevo establecimiento comenzaba con una estructura pequeña, pocas camas y un quirófano.

Santomil suele detenerse ante las fotografías de aquella construcción. “A mí me apasiona mirar aquellas fotos en sepia de gente observando una gran fosa e imaginar qué estarían pensando”, cuenta. En esa escena encuentra una pregunta que sigue siendo actual: cómo sostener un proyecto ambicioso cuando todavía no se conoce el resultado.

Entre 1972 y 1973 llegó un impulso decisivo: la atención de jubilados y pensionados permitió consolidar la actividad de una institución que recién empezaba. “Nosotros estamos profundamente agradecidos por aquella decisión porque permitió que la institución adquiriera una identidad muy importante”, señala.

Desde entonces, el crecimiento fue sostenido. A la sede central se sumaron áreas de atención en diferentes puntos de la ciudad, como Bolívar, Güemes y Tejedor, además de nuevos desarrollos hacia el sur de Mar del Plata. El objetivo fue acercar los servicios a una población que también se transformaba. El Hospital se expandió, pero la Fundación sigue siendo la referencia que da sentido a cada etapa.

La excelencia como desafío cotidiano

El “desafío de la excelencia” no se concibe como un premio alcanzado de una vez y para siempre, sino como una exigencia diaria. La calidad médica se construye con profesionales preparados, organización, investigación, tecnología y una disposición constante a revisar cómo se trabaja.

Santomil lo explica a través de una idea que atraviesa la institución: la mejora continua. Un cambio puede surgir de cualquier sector, no solamente de una oficina de dirección. Así ocurrió con iniciativas impulsadas desde Higiene Hospitalaria que luego se extendieron a otras áreas y se transformaron en una manera de gestionar procesos.

“La mejora continua es probablemente el mejor ejemplo de que en una organización los cambios también pueden surgir desde la base hacia los niveles jerárquicos”, sostiene. Y elige una escena simple para ilustrarlo: incluso la temperatura a la que llega un café a la habitación de un paciente merece ser revisada. Lo que parece pequeño también forma parte de la experiencia de cuidado.

Esa cultura incluye a los colaboradores de múltiples disciplinas y servicios. Médicos, enfermeros, técnicos, administrativos y equipos de apoyo sostienen una tarea que no se agota en un procedimiento. Para la Fundación, el rigor científico y la conciencia solidaria no son dos caminos separados: deben acompañarse.

Una institución abierta a la ciudad

El compromiso social tampoco queda reducido a una declaración del estatuto. A través de su Comité de Responsabilidad Social, la Fundación impulsa acciones vinculadas con la prevención, la inclusión, la solidaridad y el acompañamiento a distintos sectores. Busca articular esfuerzos con organizaciones de la sociedad civil, instituciones educativas, espacios barriales y organismos públicos. Esa vocación de tender puentes también se expresa en las alianzas académicas y científicas. El HPC nació como hospital escuela y lleva 1.903 profesionales formados a través de sus residencias, según recuerda Santomil. Mantiene vínculos con la Universidad Nacional de Mar del Plata, la Universidad FASTA y otras instituciones para desarrollar docencia, investigación e intercambio de conocimientos.

“El Hospital nace como hospital escuela. No es algo que apareció posteriormente: forma parte del mandato de la Fundación”, destaca. Formar a quienes cuidarán la salud en el futuro es otra forma de devolverle algo a la comunidad.

La investigación también mira hacia afuera. Entre los proyectos que Santomil describe aparecen un Observatorio de Salud, pensado para transformar información clínica acumulada durante décadas en conocimiento útil sobre la realidad sanitaria de Mar del Plata, y un Observatorio de Longevidad, dedicado a estudiar a personas que superan los cien años. Son iniciativas en desarrollo, que buscan aportar información para comprender mejor a la población y sus necesidades.

“Queremos volcar una parte mucho mayor de nuestra investigación directamente hacia Mar del Plata y aportar un mapa epidemiológico de la ciudad”, explica. La frase conecta con la misma idea que inspiró a los fundadores: que el conocimiento no se quede encerrado entre paredes.

Los avances médicos, parte de una historia más grande

A lo largo de su trayectoria, el Hospital incorporó prestaciones que ampliaron las respuestas disponibles para Mar del Plata y la región. La cirugía cardiovascular, el primer trasplante renal realizado en la ciudad en 1985, el desarrollo de la cirugía mínimamente invasiva y la robótica, y el reconocimiento de su centro avanzado de atención del accidente cerebrovascular (ACV) son algunos ejemplos.

Durante 2025 se realizaron 436 procedimientos de neurointervencionismo, de acuerdo con la cifra precisada para esta nota. También avanzó la habilitación del programa de trasplante cardíaco. Son hitos relevantes, aunque aquí importan sobre todo por lo que revelan de la Fundación: su decisión de sostener formación, equipos y tecnología para que cada vez más personas encuentren respuestas cerca de su hogar.

“De una u otra manera fuimos avanzando hacia la alta complejidad mediante dos pilares: inversión tecnológica y recurso humano”, resume Santomil. El detalle de esos programas merece capítulos propios; en esta historia, son una expresión de un proyecto institucional que comenzó mucho antes.

Una conversación sobre la Fundación y su futuro

—¿Qué representa para Mar del Plata contar con una institución de estas características?

—Cuando uno habla de un centro de alta complejidad hay muchas dimensiones: las patologías que pueden tratarse acá, el recurso humano, la inversión tecnológica, la extensión hacia la comunidad, las alianzas con las universidades —explica Santomil—. Y subraya la importancia de que muchas familias puedan atenderse en su ciudad sin tener que viajar a Buenos Aires.

—¿Qué lugar ocupa la formación de profesionales dentro del proyecto?

—El Hospital nace como hospital escuela. No es algo que apareció posteriormente: forma parte del mandato de la Fundación. Santomil recuerda que ni siquiera en los momentos más difíciles se interrumpió la convocatoria de residentes: enseñar y aprender son parte de la razón de ser de la institución.

—¿Cómo se sostiene la inversión en una institución sin fines de lucro?

—Al ser una Fundación sin fines de lucro, los recursos que quedan dentro de la institución se reinvierten en patrimonio, tecnología y desarrollo.

Para Santomil, la diversificación de financiadores y los convenios sostenibles ayudan a mantener esa política sin apartarse del objetivo social.

El paciente, siempre en el centro

La historia de la Fundación puede contarse a través de fechas, edificios y avances médicos. Pero hay otra manera de entenderla: pensar en las personas que atravesaron sus puertas durante generaciones. Quienes llegaron con una preocupación, quienes encontraron una respuesta, quienes se formaron para cuidar a otros y quienes sostuvieron el funcionamiento cotidiano.

La atención centrada en las personas parte de un principio sencillo: las necesidades, los valores y las decisiones del paciente deben orientar la atención. Santomil lo lleva a una escena que podría ocurrir cualquier día: “Una persona puede estar en una sala esperando el resultado de una biopsia y otra puede estar esperando el nacimiento de su primer hijo. Son experiencias completamente distintas, pero en ambas tenemos la responsabilidad de ayudar a que las personas puedan transitarlas de la mejor manera”.

Por eso, cuando habla del futuro, no lo reduce a más edificios ni a equipamiento más sofisticado. “La tecnología no puede avasallar al humanismo. Tenemos que desarrollar tecnología mientras seguimos cuidando a las personas”, afirma.

El Hospital Privado de Comunidad es, en definitiva, la realización de una idea que nació en la Fundación Médica de Mar del Plata. Primero hubo 250 fundadores, una misión y una apuesta colectiva. Después llegó el Hospital, que siguió creciendo con la ciudad. El desafío, más de sesenta años después, continúa siendo el mismo: que la excelencia científica tenga sentido en la vida cotidiana de la comunidad y que cada nuevo avance conserve algo esencial de aquel comienzo.


Un corazón, una nueva oportunidad

Entrevista con: Dr. Daniel Oscar Absi / Jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular y Jefe de Trasplante Cardíaco ante el INCUCAI.

El Hospital Privado de Comunidad se prepara para realizar su primer trasplante cardíaco. Detrás de este desafío hay tres años de trabajo, un equipo de profesionales especializados y un proyecto que promete abrir una nueva etapa para la medicina en Mar del Plata. El doctor Daniel Oscar Absi, jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular y jefe de trasplante cardíaco ante el INCUCAI, cuenta cómo se prepara la institución para alcanzar un hito que podría cambiar la vida de miles de personas. Hay momentos que pueden cambiar la historia de una ciudad. Algunos se anuncian con grandes obras, otros con transformaciones que se ven a simple vista. Pero también existen aquellos que comienzan mucho antes de convertirse en noticia, puertas adentro de una institución, con años de preparación, decisiones y personas que trabajan detrás de un mismo objetivo. Mar del Plata está cerca de vivir uno de esos momentos. El Hospital Privado de Comunidad (HPC) se prepara para realizar su primer trasplante de corazón. Una intervención que representa uno de los mayores desafíos de la medicina moderna y que, al mismo tiempo, tiene un significado mucho más cercano: ofrecer una nueva oportunidad de vida a quienes atraviesan enfermedades cardíacas avanzadas. Detrás de este proyecto se encuentra un equipo de profesionales del que forma parte, como jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular y jefe de trasplante cardíaco ante el INCUCAI, el doctor Daniel Oscar Absi (M.P. 97.154), un especialista con trayectoria en la Fundación René Favaloro que llegó a Mar del Plata hace tres años para asumir un desafío de enorme magnitud. Su incorporación estuvo vinculada a un propósito concreto: preparar, junto con los distintos equipos del hospital, las condiciones necesarias para acreditar y poner en marcha un programa de trasplante cardíaco. Hoy, ese trabajo comienza a mostrar sus resultados. El programa ya cuenta con la habilitación del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI) y del Centro Único Coordinador de Ablación e Implante de la Provincia de Buenos Aires (CUCAIBA). Los equipos avanzan en los últimos detalles y la expectativa es concretar el primer trasplante antes de finalizar 2026. Sin embargo, hay una condición que ninguna institución puede controlar: la disponibilidad de un donante compatible. Porque, a diferencia de otras intervenciones, un trasplante no tiene una fecha que pueda establecerse con anticipación. Y allí aparece una de las particularidades más profundas de esta historia: mientras un hospital se prepara para realizar una cirugía de enorme complejidad, hay personas que esperan una oportunidad que puede cambiarles la vida.

Tres años para llegar a este momento

Las grandes transformaciones médicas no ocurren de un día para el otro. Detrás de cada avance hay años de formación, experiencia, planificación y decisiones institucionales que muchas veces pasan inadvertidas para quienes observan desde afuera. Cuando Daniel Oscar Absi llegó a Mar del Plata, hace aproximadamente tres años, asumió un desafío específico: trabajar en la preparación del Servicio de Cirugía Cardiovascular para avanzar hacia la acreditación de un programa de trasplante cardíaco. Su trayectoria previa en la Fundación René Favaloro, una institución de referencia en medicina cardiovascular, forma parte del recorrido profesional que lo llevó a encarar esta nueva etapa. La meta era sumar una nueva posibilidad terapéutica: desarrollar un programa de trasplante cardíaco que permitirá realizar este tipo de intervenciones en Mar del Plata.

Absi recuerda que su llegada implicó un desafío profesional importante. El proyecto requería articular capacidades, sumar profesionales con entrenamiento específico y cumplir las exigencias de acreditación del programa. El camino demandó tiempo. Fue necesario reunir profesionales especializados, acreditar su experiencia ante los organismos correspondientes y preparar diferentes áreas del hospital para responder ante una intervención de estas características.

“Nos llevó durante tres años reunir profesionales entrenados en trasplante cardíaco y que pudieran acreditar esa formación ante el INCUCAI”, explica. El resultado es un programa que ya superó una instancia fundamental: la habilitación oficial. Pero Absi insiste en que la preparación continúa.

“Estamos terminando de afinar los últimos detalles de todo el equipo, y continuamos, con el anhelo de poder concretar el primer trasplante cardíaco antes de fin de año”.

La expectativa es enorme. No solamente por lo que representará para la institución, sino también por la posibilidad de ampliar las alternativas de tratamiento disponibles para pacientes de Mar del Plata y de otras regiones del país.

Un hospital entero detrás de un corazón

Cuando se habla de un trasplante cardíaco, es habitual imaginar a un cirujano dentro de un quirófano realizando una intervención extraordinaria. Pero la realidad es mucho más amplia. Para que un procedimiento de estas características pueda concretarse, es necesario que diferentes servicios hospitalarios funcionen de manera coordinada. Cirujanos cardiovasculares, cardiólogos, anestesiólogos, especialistas en cuidados intensivos, profesionales de hemoterapia, laboratorio, anatomía patológica, enfermería y numerosos trabajadores de la salud forman parte de una estructura que debe estar preparada para responder cuando llegue el momento. Absi lo explica con claridad:

“Cuando uno tiene programas de trasplante, no son decisiones individuales, sino decisiones institucionales en las cuales se involucra mucha gente, mucho personal, para que se pueda concretar”.

El especialista identifica dos pilares fundamentales para desarrollar un programa de esta magnitud: los recursos humanos y la infraestructura hospitalaria.

“No cualquier institución de salud puede o está en condiciones, porque se requieren servicios muy grandes de hemoterapia, patología, cardiología, cirugía y otras especialidades”, sostiene. La preparación de los profesionales también es determinante.

“No cualquier médico está habilitado para hacer trasplantes. Uno tiene que mostrar acreditaciones ante el INCUCAI de su pericia y entrenamiento”.

Esto permite comprender que el desarrollo del programa no depende exclusivamente de incorporar tecnología o disponer de un quirófano. Requiere construir un equipo con conocimientos específicos, experiencia y capacidad para actuar de manera coordinada. Y, fundamentalmente, sostener esa estructura en el tiempo. Porque el primer trasplante será un acontecimiento trascendental, pero el verdadero objetivo es consolidar un programa que permita realizar muchas intervenciones en el futuro.

El desafío de hacer historia

El programa ya está habilitado. Los profesionales están preparados y el hospital avanza en los últimos ajustes para comenzar a desarrollar esta nueva etapa. Sin embargo, existen preguntas que ayudan a comprender mejor cómo funciona un trasplante cardíaco, quiénes pueden acceder a este tratamiento y por qué su implementación representa un avance tan importante.

¿En qué etapa se encuentra actualmente el programa de trasplante cardíaco del Hospital Privado de Comunidad?

El programa ya está formalmente habilitado por los organismos reguladores de Argentina, que son el INCUCAI y CUCAIBA a nivel de la provincia de Buenos Aires. Ahora estamos terminando de afinar los últimos detalles de todo el equipo y continuamos, con el anhelo de poder concretar el primer trasplante cardíaco antes de fin de año. Estamos hablando de un acontecimiento que podría ser histórico para la ciudad. ¿Qué falta para que pueda concretarse?

Estamos ultimando detalles y evaluando potenciales candidatos para trasplante. Estos pacientes atraviesan un proceso de evaluación y después tienen que ingresar a la lista de espera del INCUCAI. Posteriormente, tiene que surgir un donante. Es bastante complejo porque no depende solamente de que uno quiera. No es como una cirugía programada, en la que podemos establecer un día y una hora. El trasplante surge de manera inesperada y uno tiene que estar preparado. Por eso dedicamos los últimos seis meses a preparar a todo el equipo y a todo el hospital.

¿Qué condiciones debe reunir un paciente para acceder a un trasplante? ¿Tiene que ser de Mar del Plata o puede llegar desde cualquier otro punto del país?

No está restringido a Mar del Plata. Un paciente puede venir desde La Quiaca hasta Tierra del Fuego. Si elige este centro como lugar para realizar su trasplante y reúne los requisitos correspondientes, puede venir. Por eso es importante destacar que esto no es solamente para la ciudad, sino también para toda la región. Un paciente que vive en El Chaltén o en Río Gallegos y necesita un trasplante podría trasladarse a Mar del Plata para recibirlo.

¿Cómo es el seguimiento de los pacientes que están esperando un corazón? ¿Cómo se determina el momento en el que necesitan un trasplante?

Los pacientes que generalmente llegan a un trasplante padecen insuficiencia cardíaca. Es una enfermedad que afecta a muchas personas, pero eso no significa que todos los pacientes vayan a necesitar un trasplante. Quienes tienen insuficiencia cardíaca avanzada deben ser atendidos por cardiólogos subespecializados en esta patología. Son pacientes complejos, que necesitan un seguimiento muy estricto, tanto antes como después del trasplante. Los especialistas tienen que determinar cuál es el momento oportuno para incorporarlos a la lista de espera y cuándo corresponde realizar la intervención.

¿Cómo se forma un equipo de trasplante cardíaco y qué características debe reunir una institución de salud para poder realizar estas intervenciones?

Hay dos grandes pilares: el recurso humano y el recurso edilicio. No cualquier institución de salud está en condiciones de realizar trasplantes porque se necesitan servicios muy desarrollados de hemoterapia, patología, cardiología, cirugía y otras especialidades. Desde el punto de vista de los recursos humanos, tampoco cualquier médico puede hacer un trasplante. Hay que acreditar ante el INCUCAI la formación y el entrenamiento específico. Nos llevó tres años reunir profesionales que estuvieran preparados para integrar este programa.

¿Qué va a significar para Mar del Plata y para el Hospital Privado de Comunidad el día en que finalmente se realice el primer trasplante de corazón?

Creo que va a ser un hito muy importante para toda la ciudad y para el hospital. Pero lo que tenemos que tener claro como comunidad médica es que vamos a permitirle a un paciente tener una oportunidad que hoy no podemos darle. Vamos a brindar esperanza y la posibilidad de tratar a pacientes que hasta ahora no podían encontrar este tipo de terapias en Mar del Plata. Eso es lo verdaderamente importante.

Una nueva oportunidad para quienes esperan

Detrás de cada programa de trasplante hay una realidad que muchas veces queda lejos de las estadísticas y de los avances científicos: la vida cotidiana de quienes atraviesan una enfermedad grave. La insuficiencia cardíaca es una condición en la que el corazón no logra bombear sangre de manera adecuada para responder a las necesidades del organismo. En sus formas más avanzadas puede afectar profundamente la calidad de vida. Actividades tan simples como caminar, subir una escalera o realizar tareas habituales pueden convertirse en grandes desafíos. No todos los pacientes con insuficiencia cardíaca necesitan un trasplante. Muchos pueden recibir tratamientos que permiten controlar la enfermedad durante años. Sin embargo, cuando la condición alcanza un grado avanzado y otras alternativas terapéuticas dejan de resultar suficientes, el trasplante puede convertirse en una opción. En ese momento comienza un proceso que requiere evaluaciones, estudios y seguimiento especializado. La incorporación a una lista de espera no significa que el procedimiento vaya a realizarse inmediatamente. Es necesario que aparezca un donante compatible y que se cumplan las condiciones médicas y los criterios de asignación establecidos por el sistema nacional. Por eso, la preparación del equipo médico y el acompañamiento de los pacientes son fundamentales. El doctor Absi insiste en que no se trata solamente de estar preparados para una cirugía. Se trata de desarrollar una estructura capaz de acompañar a cada persona antes, durante y después del trasplante.

La vida después de recibir un corazón

Uno de los aspectos más importantes de un trasplante cardíaco es comprender que la intervención no representa el final del tratamiento. Por el contrario, marca el comienzo de una nueva etapa. Los pacientes necesitan controles médicos durante toda su vida y deben recibir medicamentos específicos para disminuir el riesgo de rechazo del órgano. Sobre este punto, Absi explica:

“Un paciente que se trasplanta tiene control de por vida y seguimiento de por vida. Por más que nosotros elijamos un corazón compatible, no es idéntico. Entonces, nuestro sistema inmune siempre va a reconocerlo como algo que no es propio”.

Para evitar esa respuesta del organismo se utilizan medicamentos inmunosupresores. El seguimiento posterior requiere especialistas preparados para ajustar los tratamientos, controlar la evolución del paciente y detectar posibles complicaciones. Sin embargo, más allá de esos cuidados, las posibilidades de recuperación pueden ser muy importantes.

“La calidad de vida de los pacientes es muy buena. Hay pacientes que llegan a hacer deportes también. Hay olimpíadas para pacientes trasplantados cardíacos y muchos retornan a su vida habitual”, destaca. En determinados casos de insuficiencia cardíaca avanzada, el pronóstico puede ser muy comprometido. Absi señala que existen pacientes con una mortalidad superior al 50% a los dos años. Frente a ese escenario, el trasplante representa una alternativa que puede prolongar la vida y mejorar significativamente su calidad. Y no se trata solamente de personas mayores. También existen pacientes jóvenes que necesitan recibir un nuevo corazón. Para ellos, la posibilidad de acceder a un trasplante puede significar recuperar proyectos personales, familiares y laborales que la enfermedad había puesto en riesgo.

Mar del Plata, un nuevo punto de referencia

El desarrollo del programa también plantea un cambio importante en el mapa sanitario de la región. El Hospital Privado de Comunidad podría convertirse en uno de los pocos centros de la provincia de Buenos Aires, fuera de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con capacidad para realizar trasplantes cardíacos. Esto permitiría ampliar las alternativas disponibles para pacientes de diferentes localidades. Absi considera que el impacto podría extenderse incluso hacia la Patagonia.

“Sería un polo muy importante, no solamente para Buenos Aires, sino también para toda la Patagonia. Si pensamos en la región, tendría impacto en aproximadamente tres millones de personas”, sostiene. La posibilidad de acceder a tratamientos de alta complejidad sin tener que trasladarse necesariamente a los grandes centros de la Ciudad de Buenos Aires representa una mejora potencial en términos de accesibilidad. También posiciona a Mar del Plata como una ciudad con capacidad para desarrollar programas médicos altamente especializados. Pero detrás de ese crecimiento hay una idea que el doctor Absi repite durante la entrevista: el objetivo no es solamente alcanzar un reconocimiento institucional. Es brindar una oportunidad concreta a quienes la necesitan.

El compromiso personal con un nuevo desafío

El desarrollo del programa de trasplante cardíaco también tiene una dimensión personal para Daniel Oscar Absi. Su llegada al Hospital Privado de Comunidad estuvo vinculada al objetivo de preparar al equipo y a la institución para acreditar y desarrollar el programa de trasplante cardíaco. Fueron tres años de trabajo, planificación y formación de equipos. Un recorrido que demandó una enorme dedicación profesional. Después de estos tres años de preparación para acreditar el programa, ¿qué significa personalmente estar tan cerca de concretar el primer trasplante cardíaco del hospital?

Absi describe el proyecto como una tarea de gran exigencia profesional, que demandó tres años de preparación para establecer el programa de trasplante cardíaco en la ciudad. Fue una tarea muy grande, de mucha demanda personal. Como decía el doctor René Favaloro, quizás la mayor satisfacción sea poder irse a dormir con el deber cumplido. Creo que va a ser eso: acostarse tranquilo sabiendo que pudimos concretar, consolidar y establecer un programa de trasplante cardíaco acá en la ciudad. La reflexión tiene un significado especial en un profesional que desarrolló parte de su trayectoria en la Fundación René Favaloro. Y también permite comprender que, para quienes impulsan estos proyectos, el verdadero objetivo va mucho más allá de realizar una primera intervención. Se trata de construir una estructura que permanezca en el tiempo. Que forme nuevos profesionales. Que permita ampliar las posibilidades de tratamiento. Y que siga brindando oportunidades a los pacientes en los próximos años.

Sin donantes no hay trasplantes

En una historia que involucra años de preparación, equipos altamente especializados y una infraestructura hospitalaria de enorme complejidad, existe un protagonista indispensable: el donante. Ningún programa de trasplante puede desarrollarse sin la donación de órganos. Por eso, cuando la entrevista llega a su tramo final, Absi elige dejar un mensaje especialmente dirigido a la comunidad. Para finalizar, ¿qué mensaje le gustaría transmitir a la sociedad en este momento tan importante para el Hospital Privado de Comunidad?

Siempre que uno habla de trasplantes, creo que es fundamental hablar de la donación. Sin donantes no hay trasplantes. Es muy importante entender, educar y fomentar la donación en la población. El sistema de procuración en Argentina es muy bueno y necesitamos que la sociedad comprenda la importancia y la implicancia que tiene la donación de órganos. La reflexión pone en primer plano un aspecto esencial. Detrás de cada trasplante hay una decisión colectiva que involucra al sistema de salud, a los organismos responsables de la procuración y a la sociedad. La donación de órganos permite transformar una situación profundamente dolorosa en una oportunidad de vida para otras personas. Y en ese proceso, la información y la concientización cumplen un papel fundamental.

El día que puede cambiar la historia

Todavía no hay una fecha confirmada. No se sabe cuándo llegará el donante que permita concretar el primer trasplante cardíaco en el Hospital Privado de Comunidad. Pero existe algo que hace apenas unos años parecía lejano: un programa habilitado, un equipo profesional preparado y una institución que decidió asumir uno de los desafíos más importantes de su historia reciente. Cuando finalmente se concrete, será un acontecimiento trascendental para la medicina marplatense. Habrá años de trabajo resumidos en una intervención. Profesionales que habrán dedicado buena parte de su vida a formarse para ese momento. Y una ciudad que sumará una nueva posibilidad de atención médica de alta complejidad. Sin embargo, mientras los titulares hablen de un avance histórico, habrá una historia mucho más íntima. La de una persona que recibió una nueva oportunidad. La de una familia que podrá volver a proyectar el futuro. La de alguien que, después de atravesar una enfermedad difícil, tendrá la posibilidad de comenzar otra etapa. Porque detrás de los avances científicos, de los quirófanos y de la tecnología, el verdadero sentido de este proyecto es profundamente humano. Un corazón puede cambiar una vida. Y una vida puede cambiar muchas otras.



Trasplantes: más de 40 años de trayectoria

En el Hospital Privado de Comunidad, los programas de trasplante renal y hepático reúnen experiencia, equipos interdisciplinarios y acompañamiento continuo. Una capacidad de alta complejidad que tiene un valor profundamente humano para Mar del Plata y la región.

Cuando la esperanza necesita un equipo

Hay tratamientos que se miden en estudios, procedimientos y controles. Y hay otros cuyo significado se comprende mejor en escenas de la vida cotidiana: volver a compartir una comida sin la preocupación constante por la enfermedad, recuperar proyectos postergados o imaginar el futuro con una tranquilidad que parecía lejana. Para muchas personas con una enfermedad avanzada de un órgano, el trasplante representa esa posibilidad.

La decisión de trasplantar nunca es sencilla ni automática. Implica una evaluación rigurosa, profesionales de distintas especialidades y un seguimiento que comienza mucho antes de la cirugía y continúa durante años. Por eso, hablar de trasplantes es hablar de medicina de alta complejidad, pero también de vínculos, compromiso y confianza.

En el Hospital Privado de Comunidad (HPC), esa tarea forma parte de una trayectoria institucional que integra programas de trasplante renal y hepático. Su desarrollo permite que pacientes de Mar del Plata y de otras localidades de la región accedan a atención especializada sin tener que trasladar necesariamente todo su proceso de cuidado a un centro distante.

Trasplante renal: mucho más que una intervención

Los riñones cumplen funciones esenciales: filtran sustancias de desecho, regulan líquidos y participan en el equilibrio de distintos componentes del organismo. Cuando una enfermedad renal avanza hasta comprometer gravemente esas funciones, la diálisis puede sostener la vida. En personas seleccionadas, el trasplante renal ofrece una alternativa terapéutica que puede mejorar la calidad de vida y el pronóstico.

El HPC desarrolla esta práctica desde 1985, siendo la única institución de la región, una historia que da cuenta de la continuidad del trabajo y de la formación de sus equipos. La atención reúne a especialistas en Nefrología, Urología, Cirugía Cardiovascular, Infectología, Cardiología, Enfermería, Psicología, Trabajo Social y otras áreas que participan de la evaluación y del cuidado posterior.

Un riñón puede provenir de una persona fallecida o de un donante vivo que reúna las condiciones médicas y legales correspondientes. En este último caso, la prioridad es doble: procurar el mejor resultado posible para quien recibe el órgano y proteger la salud de quien decide donar. La evaluación incluye estudios clínicos, aspectos emocionales y la confirmación de que la decisión sea libre e informada.

El trasplante no termina en el quirófano. Después es necesario controlar la función del órgano, prevenir complicaciones y mantener la medicación indicada para disminuir el riesgo de rechazo. La continuidad del vínculo con el equipo médico es una parte esencial del tratamiento.

Trasplante hepático: precisión y trabajo colectivo

El hígado interviene en procesos indispensables para el organismo, desde el metabolismo de nutrientes hasta la producción de sustancias necesarias para la coagulación. Cuando su funcionamiento se deteriora de manera irreversible y se cumplen los criterios médicos, el trasplante hepático puede convertirse en una alternativa para seguir adelante.

En el Hospital Privado de Comunidad, el programa de trasplante hepático se construyó a partir de la formación especializada y de la articulación entre múltiples servicios. La práctica exige un grado extraordinario de coordinación: hay que evaluar al receptor, organizar la procuración del órgano, preparar el quirófano y disponer de cuidados intensivos para la recuperación.

Participan cirujanos, hepatólogos, anestesiólogos, intensivistas, infectólogos, profesionales de laboratorio, diagnóstico por imágenes, hemoterapia, enfermería, instrumentación quirúrgica y áreas de acompañamiento psicosocial. Cada integrante cumple una función específica y todas resultan necesarias para que el proceso sea seguro y ordenado.

El procedimiento puede involucrar equipos que trabajan en distintos lugares al mismo tiempo. Mientras un grupo interviene en la obtención y el traslado del órgano, otro prepara a la persona que espera recibirlo. Esa complejidad explica por qué un programa de trasplantes no se improvisa: necesita infraestructura, entrenamiento, disponibilidad y una organización capaz de responder cuando aparece la oportunidad.

La cercanía también forma parte del cuidado

Para una familia, atravesar una enfermedad que puede requerir un trasplante supone reorganizar rutinas, acompañar consultas y convivir con la incertidumbre. Si a eso se suma la necesidad de viajar de manera reiterada a otra ciudad, el esfuerzo emocional y económico puede crecer considerablemente.

Contar con programas de trasplante en Mar del Plata significa acercar la atención de alta complejidad a la comunidad. Permite sostener vínculos con los equipos tratantes, facilitar la presencia de familiares y acompañantes y organizar mejor el seguimiento antes y después de la intervención. También fortalece el papel de la ciudad como referencia sanitaria para su zona de influencia.

En esa cercanía hay una idea central de la medicina comunitaria: la excelencia técnica adquiere todavía más sentido cuando se pone al servicio de necesidades concretas. No se trata únicamente de realizar procedimientos complejos, sino de acompañar a personas reales en momentos decisivos.

La donación, el comienzo de otra historia

Ningún programa de trasplantes puede comprenderse sin hablar de donación. Detrás de cada órgano que llega a un paciente hay una decisión solidaria y un sistema sanitario que debe garantizar criterios médicos, éticos y de asignación. En Argentina, el INCUCAI y los organismos jurisdiccionales correspondientes intervienen en la regulación y coordinación de estos procesos.

La lista de espera no es una fila simple: la asignación de órganos responde a criterios establecidos que consideran factores médicos y de compatibilidad. Por eso, la disponibilidad de un equipo preparado debe ir acompañada de una red de procuración y de una cultura de información responsable sobre la donación.

En el caso del donante vivo, la decisión requiere especial cuidado. La voluntad de donar debe ser genuina, y el proceso de evaluación busca reducir riesgos y resguardar los derechos de todas las personas involucradas. La solidaridad, en este contexto, también se expresa en el respeto por cada decisión individual.

Un hospital, muchas disciplinas, un mismo propósito

La fortaleza de los programas de trasplante del HPC no descansa en una sola persona ni en un único acto quirúrgico. Se apoya en equipos interdisciplinarios, en la capacidad de resolver situaciones complejas y en la continuidad del cuidado. Desde los primeros estudios hasta los controles posteriores, el recorrido exige escuchar, explicar, acompañar y ajustar decisiones según las necesidades de cada paciente.

La experiencia institucional en trasplantes renales y hepáticos refleja una concepción de la alta complejidad que no separa la tecnología del trato humano. La precisión del procedimiento es indispensable, pero también lo es que la persona comprenda lo que está atravesando y encuentre un equipo al que pueda recurrir.

Para Mar del Plata, disponer de esta capacidad es un recurso sanitario de enorme valor. Para quienes esperan un trasplante, representa la posibilidad de recibir una atención compleja en un entorno cercano. Y para la comunidad, recuerda que detrás de cada avance médico hay un propósito que permanece: cuidar la vida y abrir nuevas oportunidades para vivirla.


El futuro llegó al quirófano: conocé a Toumai, el robot que transforma la cirugía

El Hospital Privado de Comunidad consolida su desarrollo en cirugía robótica con dos plataformas: Toumai se suma a Versius, incorporada años atrás. La tecnología amplía las posibilidades de los equipos médicos para realizar procedimientos precisos y menos invasivos, con la atención de los pacientes como prioridad.

Hasta hace algunos años, imaginar un robot dentro de un quirófano parecía una escena de ciencia ficción. Hoy es una realidad en el Hospital Privado de Comunidad (HPC) de Mar del Plata, donde la tecnología se convierte en una aliada de los profesionales para llevar adelante intervenciones quirúrgicas cada vez más precisas.

Su nombre es Toumai, una palabra asociada a la esperanza de vida. Es una de las herramientas más avanzadas con las que cuenta la institución y se suma a Versius, la plataforma robótica que abrió este camino en el HPC. Detrás de sus brazos, cámaras e instrumentos hay algo fundamental: un equipo médico que utiliza la innovación para mejorar la atención de las personas.

El HPC incorporó años atrás el sistema de cirugía robótica Versius, desarrollado por la empresa británica Cambridge Medical Robotics, y se convirtió en la primera institución médica de la Argentina en contar con esa tecnología. La llegada de Toumai amplía ahora esa trayectoria: el hospital dispone de dos plataformas robóticas, como parte de su apuesta sostenida por la medicina de alta complejidad.

Toumai, una plataforma de última generación, también está presente en otras instituciones de referencia del país, como el Hospital Italiano de Buenos Aires, el Hospital Universitario Austral de Pilar, el Sanatorio Otamendi de la Ciudad de Buenos Aires y el Sanatorio Allende de Córdoba. Entre sus avances más destacados se encuentra la posibilidad de realizar telecirugía, una modalidad que permite al especialista operar a distancia mediante sistemas de conexión y control remoto.

Un robot que no trabaja solo

Aunque su apariencia pueda sorprender, Toumai no toma decisiones ni realiza operaciones por su cuenta. Detrás de cada movimiento está el cirujano, que controla todo el procedimiento desde una consola especialmente diseñada.

Desde allí, el profesional observa el interior del cuerpo mediante imágenes tridimensionales de alta definición y maneja los instrumentos a través de controles y pedales. El sistema reproduce sus movimientos con una precisión y estabilidad que resultan especialmente valiosas al trabajar en zonas delicadas.

¿Cómo funciona? El robot cuenta con cuatro brazos que sostienen una cámara y los instrumentos quirúrgicos. A través de ellos, el especialista puede realizar movimientos controlados y acceder a estructuras pequeñas con una visión ampliada del área que está operando.

Es decir, la tecnología no reemplaza las manos ni el conocimiento del médico: amplía sus posibilidades.

¿Qué cambia para el paciente?

La gran diferencia no está solamente en lo que sucede dentro del quirófano, sino también en lo que puede ocurrir después de una intervención.

La cirugía robótica permite realizar determinados procedimientos mediante pequeñas incisiones, evitando en muchos casos las aperturas más extensas de una cirugía convencional.

Esto puede significar menos dolor después de la operación, menor pérdida de sangre, cicatrices más pequeñas y una recuperación más rápida. En algunas intervenciones, también puede reducirse el tiempo de internación, facilitando el regreso a las actividades cotidianas.

Sin embargo, no todas las cirugías requieren esta tecnología ni todos los pacientes son candidatos para utilizarla. La elección depende del diagnóstico, los antecedentes médicos y la evaluación de los especialistas.

Lo importante es contar con nuevas alternativas para que cada persona pueda recibir el tratamiento más adecuado a su situación.

Tecnología de avanzada, con las personas en el centro

La presencia de Toumai también habla del camino que viene recorriendo la Fundación Médica de Mar del Plata. A la experiencia iniciada con Versius se suma una segunda plataforma robótica, que amplía las posibilidades de la práctica médica y fortalece el desarrollo tecnológico del Hospital Privado de Comunidad.

En ese recorrido, el equipamiento es una parte fundamental, pero no la única. La experiencia de los cirujanos, su preparación y el trabajo conjunto de los equipos de salud siguen siendo indispensables.

Porque, por más sofisticada que sea una máquina, detrás de cada operación hay decisiones humanas, conocimiento y una responsabilidad que ninguna tecnología puede sustituir.

Toumai representa justamente esa combinación: la precisión de la robótica y la experiencia de quienes tienen en sus manos el cuidado de la salud.

El futuro de la medicina no se construye solamente con grandes descubrimientos. También se desarrolla en los hospitales que incorporan nuevas herramientas y las ponen al servicio de su comunidad.

Y en Mar del Plata, el Hospital Privado de Comunidad continúa avanzando en ese camino, demostrando que la tecnología más importante es aquella que puede hacer una diferencia en la vida de las personas.

Profesionales que desarrollan robótica en el HPC:

  • Urología: Dres. Fernando Santomil y Nicolás Capponi.
  • Cirugía General: Dres. Dr. Felipe Fiolo, Juan Perriello, Enrique Cánepa Mukdise, Agustín Alesandrini, y Fernanda Bersano.
  • Ginecología: Dres. Atilio Bacigaluppi, Pablo Capellino y Alfredo Gsallardo.
  • Cirugía Torácica: Dres. Matías Nicolás y Alejandro Carmona.
  • Cirugía Cardiovascular: Dr. Daniel Absi.
  • TORS Transoral robótica: Dr. Alfredo Ríos.


ACV: cada minuto cuenta, cada respuesta importa

El Hospital Privado de Comunidad reúne profesionales, tecnología y una organización preparada para intervenir frente a una de las urgencias médicas en las que el tiempo puede cambiarlo todo.

Una urgencia que no puede esperar

Una conversación que se interrumpe porque las palabras ya no salen. Una sonrisa que de pronto se vuelve asimétrica. Un brazo que pierde fuerza sin explicación. A veces, un accidente cerebrovascular (ACV) comienza con señales que parecen pequeñas, pero que exigen una respuesta inmediata. Reconocerlas y buscar asistencia sin demora puede marcar una diferencia decisiva en la recuperación.

Un ACV ocurre cuando se altera la circulación sanguínea en el cerebro. Puede deberse a la obstrucción de una arteria —el llamado ACV isquémico— o a una hemorragia. En ambos casos, se trata de una emergencia. No alcanza con disponer de buenos recursos médicos: es necesario que estén coordinados y listos para actuar en el momento indicado.

En Mar del Plata, el Hospital Privado de Comunidad (HPC) cuenta con un Centro Avanzado en el Manejo del ACV, acreditado internacionalmente por la World Stroke Organization. Se trata de uno de los diez centros del país que cuentan con esta acreditación como centros avanzados en el manejo del ACV. Esta capacidad integra atención neurológica, diagnóstico por imágenes, tratamientos especializados y seguimiento del paciente. Detrás de esa denominación hay algo concreto: un circuito de trabajo pensado para que cada paso suceda con rapidez y precisión.

La tecnología importa; la coordinación también

Ante la sospecha de un ACV, la evaluación clínica y las imágenes del cerebro ayudan a identificar qué está ocurriendo y qué tratamiento corresponde. En determinados ACV isquémicos puede utilizarse medicación para disolver el coágulo que bloquea la circulación. En otros casos seleccionados, cuando la obstrucción compromete una arteria de mayor tamaño, existe la posibilidad de realizar una trombectomía mecánica: un procedimiento con catéteres que permite intentar retirar el coágulo y restablecer el flujo de sangre.

Estas alternativas no se aplican a todas las personas ni en cualquier momento. Su indicación depende de la evaluación médica, las características de la lesión y el tiempo transcurrido desde el inicio de los síntomas. Por eso, la respuesta comienza mucho antes del procedimiento: en la recepción del paciente, la intervención de la guardia, el traslado a imágenes y la comunicación entre los servicios.

El HPC dispone de neurología de guardia activa durante las 24 horas y de equipos que trabajan de manera articulada con Diagnóstico por Imágenes, Hemodinamia, Terapia Intensiva, Enfermería y otras áreas. El Dr. Pablo Ioli, jefe del Servicio de Neurología, ha destacado la importancia de esa organización institucional: en el ACV, disponer del tratamiento es fundamental, pero lograr que llegue a tiempo es igualmente decisivo.

La condición de centro avanzado reconocida por organizaciones internacionales especializadas en enfermedades cerebrovasculares refleja una forma de trabajar basada en protocolos, capacitación y evaluación de la calidad. Es un reconocimiento al conjunto del hospital, no solamente a un servicio o a una tecnología.

Después de la urgencia, empieza otra etapa

La atención de un ACV no termina cuando se resuelve la emergencia. Algunas personas evolucionan favorablemente en poco tiempo; otras necesitan rehabilitación prolongada para recuperar movimientos, lenguaje, autonomía y confianza. Cada recorrido es distinto, y también lo son las necesidades de acompañamiento.

En esa etapa intervienen profesionales de Kinesiología, Terapia Ocupacional, Fonoaudiología, Nutrición, Enfermería, Trabajo Social y otras disciplinas. El objetivo es mirar a la persona en su conjunto: no solo el resultado de un estudio, sino su capacidad de volver a hablar, caminar, comer, trabajar o compartir actividades cotidianas.

Ese enfoque integral es parte del valor de contar con una institución de alta complejidad en la propia ciudad. Para los pacientes y sus familias, la cercanía facilita el acompañamiento, la continuidad de los controles y la rehabilitación.

Reconocer las señales y actuar a tiempo

La aparición repentina de debilidad en la cara, un brazo o una pierna, dificultad para hablar o comprender, pérdida de visión, alteraciones del equilibrio o un dolor de cabeza súbito e intenso son señales que requieren atención urgente. No conviene esperar a que desaparezcan ni trasladarse conduciendo por cuenta propia: hay que activar el sistema de emergencias y registrar, si es posible, a qué hora comenzaron los síntomas.

La prevención también ocupa un lugar central. Controlar la presión arterial, atender la diabetes y las alteraciones del ritmo cardíaco, evitar el tabaco y sostener hábitos saludables contribuye a disminuir riesgos. Pero cuando un ACV ocurre, el mensaje es simple: actuar rápido.

El Centro Avanzado en el Manejo del ACV del Hospital Privado de Comunidad expresa una apuesta que combina conocimiento, infraestructura y trabajo en equipo. Para Mar del Plata y su región significa disponer de respuestas complejas cerca de casa. Para una persona que atraviesa una emergencia, puede significar la oportunidad de recuperar su vida cotidiana.

El conocimiento que también cuida

En el Hospital Privado de Comunidad, formar profesionales y buscar respuestas científicas son parte de la atención. Un recorrido por dos áreas que trabajan para que lo aprendido llegue a los pacientes.

Una decisión médica reúne mucho más que lo que sucede durante una consulta. Detrás hay años de formación, intercambio entre especialistas y estudios que ayudan a elegir cómo actuar. En el Hospital Privado de Comunidad (HPC), ese trabajo tiene espacios propios y una relación directa con la vida cotidiana de sus servicios.

La docencia acompaña a quienes empiezan su trayectoria profesional. Aprender junto a médicos experimentados permite llevar la teoría a situaciones reales, discutir alternativas y asumir responsabilidades de manera progresiva. También enseña a escuchar, reconocer los propios límites y pedir la mirada de otro especialista cuando hace falta.

La investigación toma las preguntas que aparecen en la atención y las convierte en proyectos: cómo evoluciona una enfermedad, qué resultados ofrece un procedimiento o qué podría modificarse. Sus hallazgos pueden confirmar una práctica o mostrar que necesita revisarse. Para que ese conocimiento sea útil, hacen falta métodos rigurosos y protección para quienes participan.

Ambas tareas responden al proyecto de la Fundación Médica de Mar del Plata, que dio origen al hospital. Su artículo primero promueve una actividad médica de elevado nivel técnico y científico, vinculada con la dedicación exclusiva, la asistencia y la investigación. El HPC es consecuencia de esa concepción institucional.

El Dr. Marcos Ariel Flores (MP 93.849), oncólogo y jefe del Departamento de Docencia de la Fundación Médica de Mar del Plata, explica cómo se forman las nuevas generaciones. Luego, el Dr. Esteban Gándara (MP 93.814), especialista en clínica médica y jefe del Departamento de Investigación, aborda el recorrido de los estudios y sus posibilidades para Mar del Plata.

Aprender medicina donde la medicina sucede

Entrevista con: Dr. Marcos Ariel Flores / Jefe del Departamento de Docencia.

Con 53 promociones de residentes y 1.903 profesionales egresados, el HPC sostiene una formación que se construye junto a los pacientes. Marcos Ariel Flores explica el valor del acompañamiento y el crecimiento de la propuesta académica.

El aprendizaje ocurre en el consultorio, en la discusión de un caso y en las decisiones que un residente comparte con quienes tienen más experiencia. En ese contacto diario se forma el criterio profesional: saber qué hacer, por qué hacerlo y cuándo consultar.

“El médico de planta y el residente están todo el tiempo juntos. No es que uno está un tiempo parcial y se retira. Entonces eso hace que el residente esté acompañado todo el tiempo”, describe Flores. La dedicación exclusiva favorece esa cercanía y permite transmitir formas de trabajo que no se aprenden únicamente en los libros.

Actualmente, el hospital cuenta con 219 residentes en formación. Durante 2026 egresaron 45 profesionales de distintas instancias académicas. La oferta incluye residencias médicas básicas y posbásicas, programas de perfeccionamiento, jefaturas de residentes y formación en áreas como bioquímica y psicología.

Formación que crece y se especializa

Actualmente, el Hospital Privado de Comunidad cuenta con 40 proyectos docentes. Entre las propuestas, el médico destaca las residencias básicas en cirugía cardiovascular y radioterapia, que señala como únicas en la provincia de Buenos Aires dentro de sus respectivas modalidades.

Cada incorporación requiere elaborar contenidos, conformar equipos docentes y obtener los reconocimientos correspondientes. Los programas se revisan año a año para ajustar la enseñanza a las exigencias de la práctica.

La articulación con la Universidad de Buenos Aires suma otra posibilidad. El HPC cuenta con más de 23 carreras de especialista vinculadas con la UBA, que permiten complementar la residencia con una formación universitaria desarrollada en el hospital.

Por ejemplo, quien realiza su residencia en cardiología puede cursar paralelamente la carrera de especialización correspondiente. Al completar los requisitos de ambos recorridos, puede obtener el reconocimiento de la residencia y el título universitario de especialista.

“El residente, a lo largo de su residencia, también hace la carrera de especialista y el día de mañana va a tener un título universitario reconocido por la UBA”, explica Flores. Esa vinculación también resulta valiosa para quienes llegan desde otros países de Latinoamérica y luego proyectan continuar su actividad en sus lugares de origen.

El criterio también se entrena

La información médica se renueva de manera constante. Por eso, durante la residencia se aprende a leer publicaciones científicas, interpretar resultados y evaluar si una conclusión puede aplicarse a un paciente concreto. Desde el comienzo se incorporan herramientas de metodología de investigación y estadística, que se profundizan a medida que avanza la formación.

“Lo importante que uno tiene que lograr con un residente es que alcance un pensamiento propio en cuanto a la interpretación de la literatura científica. Eso le da una herramienta distinta”, sostiene Flores. El propósito es que los futuros especialistas puedan fundamentar sus decisiones y revisar sus conocimientos a lo largo de su carrera.

El Premio Lanari estimula ese recorrido. Mediante un concurso interno, reconoce un trabajo científico de residentes que transitan su último año y se entrega durante la ceremonia de egreso. La distinción pone en valor una capacidad que seguirá siendo necesaria después de la formación: formular preguntas y buscar respuestas con método.

La tecnología necesita una mirada humana

La inteligencia artificial y la robótica plantean nuevas exigencias para la enseñanza. Aprender a utilizarlas requiere conservar el vínculo con la persona que consulta. Flores considera que la empatía y la compasión deben acompañar cualquier avance técnico.

—¿Cómo se transmite esa mirada durante la residencia?

Flores lo explica a través de los ateneos interdisciplinarios. En urología oncológica, por ejemplo, el espacio coordinado por el doctor Santomil reúne a urólogos, oncólogos, radioterapeutas, residentes y profesionales de psiquiatría, cuidados continuos y psicooncología. Cada disciplina aporta una perspectiva para analizar el caso.

Para quienes se están formando, participar de esas reuniones permite comprender que una enfermedad puede exigir respuestas de varias áreas. Escuchar a otros profesionales ayuda a ampliar la evaluación y a considerar necesidades que exceden el tratamiento específico.

—¿Qué busca dejar el hospital en sus egresados?

“Uno busca una impronta, y claramente todo egresado que salga del hospital se lleva una impronta institucional”, afirma. Esa experiencia continúa en quienes luego trabajan en otras instituciones, ciudades o países y contribuyen a renovar los equipos de salud.

La planificación académica tiene también un espacio propio. Un Consejo Académico, creado tres años atrás, acompaña la evaluación de propuestas y los objetivos de mejora. Entre las alternativas que se estudian figuran nuevos programas de perfeccionamiento vinculados con la investigación.

Para Flores, crecer implica sostener la calidad de cada recorrido. El resultado se juega cuando un profesional termina su formación y debe decidir por sí mismo, reconocer cuándo necesita ayuda y mantener una relación cercana con sus pacientes.

Investigar para decidir mejor

Entrevista con: Dr. Esteban Gándara/ Jefe del Departamento de Docencia.

Investigar también es revisar lo que sucede todos los días en un hospital. Esteban Gándara cuenta cómo se estudian tratamientos y procedimientos, qué significa participar de un proyecto y por qué las respuestas locales tienen valor.

¿Un procedimiento ofrece el resultado esperado? ¿Qué cambia en la evolución de una enfermedad? ¿Existe una alternativa que deba evaluarse? Muchas investigaciones comienzan con preguntas así, surgidas durante la atención. En el HPC, esa actividad atraviesa distintas especialidades y busca producir información que permita fundamentar las decisiones médicas.

“Sin investigación, la medicina no puede crecer ni desarrollarse”, sostiene Gándara. Para explicar su trabajo, propone acercarse a una escena habitual: el seguimiento de un paciente. Allí se observa cómo responde a un tratamiento, se registran cambios y se reúnen datos que, analizados con un método, pueden ayudar a comprender qué funciona y qué necesita revisarse.

“Es una investigación mucho más al pie de la cama, junto al paciente”, resume. Conocer lo que ocurre en Mar del Plata importa porque las condiciones de atención y la realidad de la población pueden diferir de las de otros lugares. La evidencia local permite estudiar esas particularidades.

Qué se está estudiando en el HPC

Algunos proyectos se realizan en colaboración con la industria farmacéutica y otros nacen de los equipos del hospital. “Prácticamente todos los servicios del hospital tienen al menos uno o dos proyectos de investigación en marcha”, señala Gándara.

En cuidados intensivos se analizan estrategias de ventilación para pacientes con enfermedades pulmonares asociadas a infecciones. Anestesia estudia cómo optimizarla durante las cirugías, mientras que Clínica Médica trabaja sobre enfermedades crónicas e infecciones virales.

Traumatología investiga la evolución de determinadas fracturas. En Urología hay proyectos que incorporan inteligencia artificial para mejorar la predicción del cáncer de próstata, y Neurología comienza a desarrollar estudios sobre demencias y accidente cerebrovascular.

Oncología tiene una participación destacada en estudios farmacológicos. El conocimiento de las características genéticas de algunos tumores permite investigar medicamentos dirigidos a alteraciones específicas. Esa búsqueda apunta a tratamientos más precisos.

“Es lo que podríamos llamar una medicina de mayor precisión: tratar de llegar al blanco específico y analizar dónde podemos mejorar”, explica. Comprobar el alcance de esas posibilidades es parte del trabajo científico: antes de afirmar un beneficio, hay que estudiarlo.

Participar de un estudio requiere información clara

Un nuevo tratamiento puede despertar expectativas. Gándara insiste en distinguir lo que se espera encontrar de lo que ya se conoce. “Cuando investigamos algo no estamos garantizando un resultado. Estamos justamente intentando conocer ese resultado”, aclara.

Participar de una investigación no significa recibir automáticamente una opción superior a las disponibles. Puede haber beneficios potenciales, riesgos e incertidumbres. Los objetivos y las condiciones de cada proyecto deben explicarse para que la persona pueda tomar una decisión informada.

Tampoco todos los estudios implican probar un medicamento. En los observacionales se analiza la evolución de los participantes sin introducir una intervención experimental. La pregunta que se busca responder determina el tipo de trabajo y su duración: algunos pueden completarse en semanas; otros requieren varios años.

—¿Qué lugar ocupa la protección del participante?

“La protección de la persona que participa de una investigación es nuestra prioridad número uno”, subraya el especialista. El hospital cuenta con un Comité de Ética en Investigación con más de veinte años de trayectoria y un equipo de soporte de entre seis y ocho personas.

Cada proyecto atraviesa evaluaciones y debe cumplir los requisitos éticos y regulatorios aplicables. La protección incluye consentimiento informado, respeto por las decisiones individuales y confidencialidad. Durante el seguimiento se registra la evolución y se controlan posibles efectos adversos y otras variables de salud.

—¿Quién puede acceder a los datos personales?

“Quienes pueden acceder a esos datos son únicamente las personas que están autorizadas para participar de ese estudio”, explica Gándara. La información se almacena en sistemas propios, con acceso restringido. Algunas exigencias regulatorias requieren conservar la documentación durante muchos años.

Revisar una práctica puede empezar con un registro

Según Gándara, el HPC reúne más de veinte años de información almacenada electrónicamente. Las historias clínicas permiten comparar resultados, seguir la evolución de distintas situaciones y analizar qué ocurrió después de modificar una práctica. Entre las preguntas posibles está si una estrategia logró reducir internaciones durante un período determinado.

La disponibilidad de registros no resuelve por sí sola una investigación. Hay que definir qué se quiere saber, seleccionar la información pertinente y comprobar su calidad.

La inteligencia artificial empieza por buenos datos

Las herramientas capaces de procesar grandes volúmenes de información abren posibilidades para la investigación. En una institución con registros clínicos acumulados durante años, podrían ayudar a reconocer tendencias, formular nuevas preguntas y evaluar resultados. Su utilidad depende, en buena medida, de la información que reciben.

“La calidad de los datos que uno tenga es lo que permitirá tomar mejores decisiones, independientemente de cuánto avance la inteligencia artificial”, sostiene Gándara. Ordenar y revisar los registros es, por lo tanto, una tarea necesaria para explorar ese potencial.

Generar respuestas desde Mar del Plata

El trabajo científico necesita intercambio. El HPC participa en redes en las que puede liderar proyectos o colaborar como centro participante. Esos vínculos permiten compartir experiencia y comparar resultados con otros equipos. “Sin redes no podemos trabajar”, afirma Gándara.

Uno de los objetivos del área es fortalecer la investigación original: proyectos capaces de producir conocimiento propio con alcance fuera del hospital. El especialista ve en Mar del Plata condiciones para avanzar, a partir de sus universidades, centros de formación y equipos de salud.

Para concretarlo, plantea la necesidad de consolidar estructuras, profesionalizar los procesos y sostener vínculos entre instituciones. Se trata de un desarrollo de largo plazo que permitiría ampliar la producción científica desde la ciudad.

“Ese sería mi sueño como responsable del área: poder decir que Mar del Plata es un lugar al que se viene a hacer investigación”, expresa. Su aspiración es que la ciudad reúna profesionales y proyectos capaces de aportar respuestas al resto del país.

Lo que un estudio deja en la atención

Los resultados pueden tardar años y no siempre confirman lo que se esperaba. Un estudio puede mostrar que un tratamiento no ofrece el beneficio previsto. Ese hallazgo también aporta información para evaluar decisiones y orientar nuevas preguntas.

Gándara destaca que investigar modifica la forma de ejercer la medicina: obliga a observar, documentar y fundamentar. Por eso, busca que los residentes tengan contacto con esa experiencia, aunque después no se dediquen a la actividad científica.

La utilidad de ese aprendizaje se reconoce en la atención cotidiana: al revisar un procedimiento o advertir que falta información antes de decidir. Cada respuesta debe poder sostenerse en lo que se conoce del paciente y en la evidencia disponible.

Investigar para cuidar mejor

En el HPC, profesionales de distintas áreas llevan adelante investigaciones vinculadas con la atención de los pacientes. En esta nota, cuatro de ellos —todos con título de doctorado— comparten cómo sus trabajos buscan responder preguntas que surgen de la práctica cotidiana.

Detrás de una investigación médica suele haber una inquietud concreta. ¿Cómo saber si un tratamiento está funcionando? ¿Qué señales permiten reconocer a un paciente con mayor riesgo? ¿Qué ocurre después de superar una enfermedad grave? En el Hospital Privado de Comunidad (HPC), esas preguntas también impulsan el trabajo de profesionales que alcanzaron el grado académico de doctor, una formación que requiere desarrollar una investigación original y defender una tesis.

Sus trayectorias muestran cómo el conocimiento que se genera en un hospital puede ayudar a revisar prácticas, orientar decisiones y aportar respuestas a problemas de salud.

María Eugenia González: mirar más allá del alta

La jefa del Departamento Médico obtuvo su Doctorado en Ciencias de la Salud en el Instituto Universitario del Hospital Italiano de Buenos Aires en 2017. Su tesis se centró en la calidad de vida después de una internación en cuidados intensivos.

Su investigación pone el foco en la recuperación y en las secuelas físicas, emocionales y cognitivas que pueden persistir. En su mirada, el éxito de un tratamiento no termina en el alta, sino cuando la persona recupera su vida.

Las cuatro trayectorias expresan una misma búsqueda: transformar las preguntas de la práctica médica en conocimiento que contribuya a una atención más segura, cercana y atenta a la vida de cada paciente.

Mariano Esperatti: anticiparse a las complicaciones

Jefe del Servicio de Cuidados Intensivos, Esperatti se doctoró en la Universidad de Barcelona en 2020, con calificación excelente cum laude. Su tesis abordó las neumonías adquiridas durante la internación en terapia intensiva y los factores que permiten anticipar una evolución desfavorable.

Desde 2012 coordina actividades de investigación clínica en cuidados críticos del HPC. Sus trabajos abarcan infecciones respiratorias graves, formas de administrar oxígeno y estrategias para identificar tempranamente a quienes podrían necesitar asistencia respiratoria mecánica. El objetivo es aportar evidencia para orientar las decisiones frente a pacientes que requieren cuidados complejos.

Omar Esteban Carranza: nuevas respuestas frente al cáncer

El Jefe del Servicio de Oncología Médica obtuvo su Doctorado en Investigación Médica Aplicada en la Universidad de Navarra, España, en 2016, con calificación sobresaliente cum laude. Su tesis estudió la interleuquina-8 como indicador para evaluar la carga tumoral, el pronóstico y la respuesta al tratamiento en distintos tipos de cáncer.

Su actividad científica se centra principalmente en la participación en ensayos clínicos internacionales que permiten acercar nuevas alternativas terapéuticas a pacientes con cáncer. Por otro lado, ha participado de publicaciones en distintas revistas internacionales sobre terapias dirigidas e inmunoterapia en diferentes tumores. “Estoy convencido de que la investigación debe traducirse en oportunidades concretas para la población, y por eso nos comprometemos en facilitar el acceso de los pacientes a tratamientos de última generación en nuestra ciudad, promoviendo una Oncología que combine innovación, trabajo interdisciplinario y cuidado de las personas”, sostiene.

Nora Angélica Fuentes: estudiar la atención cotidiana

Doctora en Ciencias de la Salud desde 2022 por la Universidad del Hospital Italiano de Buenos Aires, Fuentes integra la Unidad de Investigación Académica del Departamento de Investigación Clínica del HPC.

Participa en estudios sobre insuficiencia respiratoria, soporte respiratorio no invasivo y detección temprana del cáncer de pulmón. También investiga resultados, recursos y costos de la atención hospitalaria. Su trabajo busca conocer la realidad de la institución, evaluar sus prácticas e identificar mejoras que respondan a las necesidades de los pacientes.

HPC: una mirada puesta en las personas

Atención sostenible: el desafío de innovar y cuidar en salud

Dr. Pablo C. Malfante

Director de HPC

MP 93482

En mayo de este año, se cumplieron 55 años de existencia del Hospital Privado de Comunidad. Una organización modelo que nació y creció a partir de la política clara establecida años antes por la Fundación Médica de Mar del Plata. Un sistema de gestión único que, sostenido por la Fundación, ha transcurrido su historia inmerso en los vaivenes políticos de una Argentina inestable y poco predecible. En estos más de 50 años de historia, la innovación, la mejora continua, la seguridad de los pacientes y la retención de talentos, fueron y siguen siendo pilares de la gestión. Hoy claramente, siguen siendo desafíos para los próximos años debido a que el contexto externo nos propone situaciones de incertidumbre que tienen como respuesta seguir trabajando en esos valores institucionales que dan soporte a la gestión. Sin embargo, hay un punto crucial en la gestión de cualquier organización de salud que tiene que ver con dilemas de sostenibilidad. Y es ahí donde estas cuatro dimensiones mencionadas (innovación, mejora continua, seguridad y retención de talento) adquieren gran relevancia. Nos enfrentamos a problemas como la disociación de valores y aranceles que tiene su explicación en insumos cotizados en dólares, costos de nueva tecnología y la incorporación sin pausa de nuevas moléculas y tratamientos cada vez más sofisticados. También el reto de instaurar criterios rigurosos de evaluación de tecnología sanitaria internos para decidir qué incorporar según costo-efectividad real, sin perder la excelencia clínica. En lo referido a recursos humanos, la crisis de vocación y la no elección de especialidades críticas clave (terapia intensiva, neonatología, clínica médica, pediatría), así como la migración por condiciones regionales más favorables y el burnout nos enfrenta a una complejidad creciente para la retención de talentos. Además, hoy en día no alcanza ya sólo con la Historia clínica digital, se necesita interoperabilidad, analítica predictiva de datos y flujo eficiente de pacientes, con reducción de la estancia medida y desburocratización de la atención ambulatoria. Por último, la eficiencia operacional ligada a la estrategia, a través de herramientas como Kaizen, Lean Healthcare o similar ya dejaron de ser una opción, para ser un imperativo en la gestión de organizaciones de salud, reduciendo desperdicios y asentando la gestión en procesos y salud basada en valor. Es por todo esto que en nuestro hospital establecimos un mapa estratégico para la gestión de calidad, basado en tres ejes que enumeraremos entendiendo que su desarrollo puntual excede los límites de esta nota:

  • Pacientes: optimizando la experiencia, agilidad y seguridad en el proceso asistencial.
  • Organización y gestión: impulsando la excelencia clínica, la resolutividad y la innovación tecnológica.
  • Personas: atrayendo talento, desarrollando liderazgo y fortaleciendo la cultura organizacional.

John Ruskin, que no perteneció al ámbito médico, era escritor, en el siglo XIX dijo: “la calidad nunca es un accidente; es siempre el resultado de un esfuerzo de la inteligencia”.

Equipos que cuidan: el verdadero motor de la alta complejidad

Dra. María Eugenia González
Jefa de Dpto. Médico de HPC
MP 93259

Cuando pensamos en un hospital de alta complejidad, solemos imaginar tecnología: monitores, equipos de imágenes, quirófanos de última generación. Todo eso es indispensable. Pero mi experiencia al frente de un departamento médico me confirmó algo que cualquier paciente percibe enseguida: la calidad de la atención depende sobre todo de las personas y de cómo trabajan juntas.

Un paciente complejo no es atendido por un médico, sino por un equipo. En pocas horas pueden intervenir médicos de distintas especialidades, enfermeros, kinesiólogos, nutricionistas, farmacéuticos, trabajadores sociales, técnicos y personal administrativo. Cada uno aporta un saber imprescindible. El desafío de la gestión es que todos esos aportes no queden sueltos y se conviertan en un plan de cuidado único, coherente y centrado en esa persona.

Los equipos de alto rendimiento no aparecen solos: se construyen. Y hay tres pilares que, para mí, marcan la diferencia.

El primero es la cultura. Un equipo funciona bien cuando sus integrantes se sienten parte de un proyecto común y saben que su opinión cuenta. En un ambiente así, un enfermero puede advertir sobre algo que le preocupa sin temor, un residente puede preguntar lo que no sabe y un error se analiza para aprender, no para buscar culpables. Esa confianza no es un detalle: es una condición para la seguridad del paciente. Quienes tenemos responsabilidades de conducción tenemos la tarea de promoverla todos los días, con el ejemplo, la escucha y la coherencia.

El segundo pilar es la calidad como método de trabajo. Los protocolos, las listas de verificación, los pases de guardia estructurados y la medición de resultados no burocratizan la medicina, la ordenan. Permiten que cada paciente reciba la mejor práctica disponible sin depender de quién esté de turno. Los procesos de acreditación y mejora continua nos obligan a revisar lo que hacemos, compararnos con estándares exigentes y corregir el rumbo. La calidad no es un destino al que se llega, sino un hábito que se sostiene.

El tercer pilar, y el más importante, es el paciente y su familia. La atención integral implica mirar más allá de la enfermedad: entender quién es esa persona, qué le preocupa, qué espera y qué necesita su entorno. En los momentos críticos, la familia atraviesa una incertidumbre enorme. Informar con claridad, con tiempo y con empatía forma parte del tratamiento. Lo mismo vale para el después: muchos pacientes que superan una internación compleja enfrentan un largo camino de recuperación, y acompañarlos en esa transición también es responsabilidad del sistema de salud.

Gestionar equipos en alta complejidad supone además cuidar a quienes cuidan. Son tareas de enorme exigencia física y emocional. Invertir en formación, en condiciones de trabajo adecuadas, en espacios de diálogo y en el reconocimiento del esfuerzo no es un gasto: es lo que hace sostenible la excelencia a lo largo del tiempo.

Estoy convencida de que la mejor tecnología rinde de verdad solo cuando está en manos de un equipo cohesionado, comprometido y bien conducido. Ese es nuestro desafío cotidiano: que cada persona que llega al hospital en su momento más vulnerable encuentre no solo conocimiento y recursos, sino también un equipo que trabaja unido para cuidarla.

El hospital del futuro

La Fundación Médica de Mar del Plata proyecta el crecimiento del Hospital Privado de Comunidad con un master plan que busca ampliar la alta complejidad y hacer más clara y cercana la experiencia de atención. En Atlantic Real Estate, el arquitecto Christian Cammilleri, de AFS Arquitectos, presentó las claves de esa transformación.

Llegar a un hospital y entender hacia dónde ir. Encontrar una espera cómoda. Recuperarse en un ambiente tranquilo, con luz natural y vistas al verde. Son situaciones concretas que forman parte de una pregunta mayor: cómo debe ser el HPC en las próximas décadas.

La respuesta comienza con una visión institucional. “El HPC tiene muy claro lo que quiere, que es ser un centro regional de referencia”, explicó Cammilleri. Para acompañar ese objetivo, AFS Arquitectos trabaja en un plan de desarrollo que permita organizar el crecimiento, incorporar nuevas necesidades médicas y aprovechar los edificios existentes.

Un master plan es una guía para decidir cómo transformar una institución a lo largo del tiempo. En este caso, el horizonte planteado abarca los próximos veinte o treinta años, con la flexibilidad necesaria para adaptarse a cambios que pueden llegar antes. La medicina incorpora tecnologías y modifica sus formas de atención; la arquitectura debe poder acompañarlas.

Llegar y saber adónde ir

Uno de los primeros aspectos que analizó el equipo fue la organización de los accesos. Un hospital reúne movimientos muy distintos: personas que llegan a una consulta, ambulancias, profesionales y pacientes que requieren cuidados de mayor complejidad. Ordenar esos recorridos es una parte central del proyecto.

La propuesta contempla un eje de circulación que conecte dos calles, con grandes espacios de recepción y nuevas conexiones entre los pisos. El objetivo es que quien ingrese pueda orientarse con facilidad, sin necesitar conocer de antemano cómo funciona el edificio.

Esa organización también busca separar la atención ambulatoria de otros movimientos vinculados con la complejidad asistencial. Para la internación, el criterio es preservar áreas más tranquilas, con menos interferencias de funciones ajenas al descanso y la recuperación.

Durante la charla, Cammilleri describió reformas que ya se estaban encarando junto al equipo del hospital: liberar sectores de planta baja para ampliar las visuales, reorganizar las esperas y mejorar la circulación. También mencionó intervenciones para ampliar habitaciones. Son acciones sobre lo existente que comienzan a expresar la transformación proyectada.

Más espacio para una medicina más compleja

La ampliación y conexión del área quirúrgica ocupa un lugar central en el plan. La cirugía robótica requiere un ámbito adecuado y una infraestructura que sostenga su funcionamiento. Por eso, el diseño busca prever las necesidades de equipamiento y de los equipos profesionales, además de sumar superficie.

Para el centro quirúrgico, el arquitecto presentó una organización con un núcleo limpio que sirve a los distintos quirófanos. El esquema permite ordenar las áreas de mayor exigencia de asepsia y sus conexiones. La propuesta incluye, además, un hospital de día vinculado con la actividad quirúrgica y espacios de recuperación con relación hacia el exterior.

Cammilleri destacó la posibilidad de que una persona pueda recuperarse después de una intervención en contacto visual con lo natural. Esa intención aparece también en los sectores de acceso, donde se estudian espacios verdes y lugares para sentarse. El entorno se considera parte de la experiencia de atención.

Un edificio que también enseña

El proyecto reserva espacios para docencia y apoyo educativo en el subsuelo, con acceso directo desde la calle y aberturas que permitan incorporar luz natural. La formación de futuras generaciones encuentra así un lugar propio dentro del desarrollo edilicio.

La iluminación también se piensa para quienes trabajan durante muchas horas en la institución. Consultorios, áreas administrativas y espacios de uso cotidiano deben contemplar las necesidades del personal. Diseñar el hospital implica atender tanto a quien llega por una consulta como a quien desarrolla allí su jornada.

Crecer sin empezar de cero

La sede reúne construcciones de distintas etapas, desde los edificios de 1971 hasta ampliaciones sucesivas. El desafío es integrarlas y reconocer qué puede conservarse, reorganizarse o transformarse. El edificio de la Fundación, de valor patrimonial, también forma parte de ese análisis.

“No demoler de más, demoler lo necesario”, resumió Cammilleri. El criterio de sustentabilidad que propone parte de aprovechar lo construido. En las fachadas, se plantean intervenciones puntuales para dar unidad a volúmenes incorporados en diferentes momentos, en lugar de reemplazarlos por completo.

“No presentamos soluciones cerradas”, aclaró el arquitecto. El master plan deberá acompañar las decisiones y el crecimiento de una institución que, además de su sede principal, se extiende mediante una red de atención. El hospital del futuro se proyecta desde esa realidad: más capacidad para responder a la región y espacios pensados para que atenderse, trabajar y aprender resulten más sencillos.

El futuro tiene sentido cuando llega a las personas

Detrás de cada avance del Hospital Privado de Comunidad hay años de preparación y equipos que trabajan de manera coordinada. Las voces de este recorrido permiten comprender ese esfuerzo y su sentido más cercano: ofrecer respuestas a quienes atraviesan una enfermedad.

La tecnología amplía las posibilidades de atención. La docencia prepara a quienes deberán sostenerlas y la investigación ayuda a revisar las decisiones médicas. El hospital del futuro proyecta cómo acompañar ese desarrollo con espacios adecuados para pacientes y profesionales.

La Fundación Médica de Mar del Plata da continuidad a esta tarea. Su compromiso con la comunidad se expresa en la decisión de reinvertir, formar equipos y desarrollar capacidades que permanezcan en la ciudad y la región.

Los próximos capítulos exigirán nuevos aprendizajes. El valor de ese crecimiento se reconocerá en la experiencia de cada paciente: encontrar la atención que necesita, comprender lo que le sucede y sentirse acompañado. Allí, en ese encuentro entre una persona y quienes la cuidan, cobra sentido todo lo que el HPC y la Fundación Médica de Mar del Plata construyen.

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